EVITA SE CUMPLE UN NUEVO ANIVERSARIO DE SU PASO A LA INMORTALIDAD

El 26 de julio de 1952 la Nación se sumía en el silencio mientras escuchaba el comunicado oficial que señalaba: “Cumple la Subsecretaría de Informaciones el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20:25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación”.

Su velatorio duró hasta el 11 de agosto. Desde esa irremediable realidad comenzó a tomar forma el mito. Aquel 26 de julio la mujer que 33 años antes había nacido en Los Toldos, un pequeño pueblo bonaerense, había llegado al final del camino que la condujo a ser definitivamente Evita.

Su vida expresa la historia de miles de humildes que el peronismo vino a dignificar a través de sus políticas de Justicia Social y reconocimiento de derechos. Una mujer que no hubiera tenido nunca cabida en la Argentina oligárquica y liberal de las primeras décadas del siglo veinte, donde la política y el Estado estaban reservados para los apellidos patricios y las altas posiciones familiares.

A través de la fundación que creó y de la incasable labor social desarrollada junto a Juan Domingo Perón, transformó la vida de las familias más necesitadas y de los trabajadores a quienes alentó a sindicalizarse para luego tender un estrecho vínculo con las organizaciones obreras. Evita solía decir que donde existe una necesidad nace un derecho.

Del mismo modo luchó por la igualdad de género y por el lugar de la mujer dentro de la vida política. En 1947 sus esfuerzos lograron la promulgación de la ley del voto femenino en nuestro país.

A 65 años de su paso a la inmortalidad, el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba le rinde un profundo homenaje a la mujer que jamás dejaremos de recordar y agradecer por su dedicación para dignificar al pueblo trabajador.

 

EVA

Por Federico Figueroa

SÍ de algo sirven las efemérides es para recordarnos en qué punto de la historia nos encontramos.

Hace exactamente 65 años se convertía en conciencia colectiva de los que nacieron condenados sin haber cometido más delito que el de nacer pobres… Su nombre está asociado a la “Justicia Social” y su vida,  a corregir  desigualdades o injusticias sociales innecesarias  que solo beneficiaban  a unos pocos.

Algunos dicen que “Ella” hizo que sus días “fueron los días más felices”. Tal vez, fue porque les dio sentido y destino a las pequeñas historias personales de amor y de angustia, y que aún nos emocionan. Como la de aquella mujer que, estando sola, sin trabajo, con hijo a cargo, solo quería trabajar, ganarse la vida. Y lo único que necesitaba era una máquina de coser, y por esos azares de la vida, se cruzó con Ella. Al día siguiente recibió su máquina de coser, entonces rompió en llanto:  su vida cambió para siempre.

Ella Era un torbellino, un huracán. Por donde Ella pasaba florecían los derechos, los incrédulos volvían a creer, ¿y la Patria…? y la Patria era posible. Su vida, de alguna manera, es un resumen de encuentros y desencuentros como nación.  Su trágica y temprana muerte, mostró lo mejor y lo peor de nosotros como colectivo humano. El llanto de gratitud infinita de millones de mujeres, hombres, de todas las edades y condición y que aun la lloran –porque a todos les supo dar y reconocer derechos y dignidad-, y por otro lado, el odio desmesurado, incomprensible y que aún perdura, como el del grafiti: “viva el cáncer”.

Todo lo que se pueda declamar o escribir en su homenaje, en el día de hoy, es imposible, porque el único tributo que le debemos a “Ella” es recoger su bandera, que hoy está pisoteada, desmerecida por ambiciones, celos y odios personales, y llevarla hasta la victoria. Devolverle la sonrisa a los que menos tienen, cambiarles la vida a los condenados de la tierra… Mientras eso no suceda, casi en penumbras, seguiremos caminado los silentes, encendiendo cirios, esperando… esperando que vuelva a ser millones.

FEDERICO FIGUEROA