LA ECONOMÍA DE CAMBIEMOS, UN ATENTADO AL MUNDO DEL TRABAJO Y LA INDUSTRIA

Uno de los balances más negativos que  arrojan los resultados de los  dos primeros años del  mandato presidencial de Mauricio Macri,  es en lo que respecta al mercado laboral y al mundo del trabajo. El ataque a los trabajadores y al trabajo se  manifiesta en tres ejes, despidos y pérdida de puestos de trabajo, caída del salario real y el impulso a la precarización, mediante convenios flexibilizadores. Sin duda la cifra de despidos  es la variable que más impacta pues son trabajadores que, expulsados del mercado laboral, o bien engrosan las cifras de pobreza, o bien se “reincorporan”, pero a través de la economía informal, con tasas de empleo altamente precarizadas.

Según datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)  desde diciembre de 2015 a mediados  de 2017  se produjeron 264.143 mil  despidos y suspensiones brutos, 76. 526 del sector público y 187. 617 del sector privado. A esto se le suman los despidos de noviembre (1400 aproximadamente)  y  diciembre pasados, 3.346  entre públicos y privados, cifra liderada en este caso, por los despidos estatales en Fabricaciones Militares   y sus derivadas y en  distintos Ministerios y dependencias nacionales. Esto sólo en lo que concierne al trabajo registrado o al trabajo en negro  que es posible contabilizar, pero sabemos que muchos trabajadores  del sector informal han corrido la misma suerte, sin que quede registrado en la estadística o en los registros sindicales, o de organizaciones sociales.

 

Con estas medidas económicas,  no hay mercado de trabajo que aguante

El plan económico aplicado desde diciembre de 2015, es el típico modelo  de la economía clásica neoliberal, aplicada en muchos países del mundo y en varias etapas de nuestra historia, cuyo resultado comprobado fácticamente  en todos los casos,  resulta muy perjudicial para el mundo del trabajo. En efecto,  la suma de reducción del gasto público y fiscal (que incluyen miles de despidos estatales, rebaja en haberes jubilatorios, asignaciones y servicios sociales  y reducción de los incentivos a la producción), apertura de las importaciones y desregulación del mercado más endeudamiento y devaluación, son un combo fatal para el mercado interno, la industria nacional, y el sostenimiento del empleo.

Todo esto, impone  fuertes condicionamientos a la generación de nuevos empleos. Ninguna economía recesiva  es generadora de empleo, y ese es el caso de la economía argentina en la actualidad,   “con un mercado interno cayendo en picada (como resultado de las evidentes políticas recesivas que involucran la pérdida del poder adquisitivo y el aumento del desempleo junto con transferencias al poder económico) y un mercado externo que, a pesar de la devaluación del 50 %, no dinamiza las exportaciones (porque el mundo vive una profunda crisis, a contramano de lo que Cambiemos predicó durante años)” (“Sólo para entendidos”, artículo de Hernán Letcher y Julia Strada)

 

Los despidos en el estado, direccionados

La punta en el proceso  del aumento del desempleo y la   enorme pérdida de puestos de trabajo, la hizo el propio estado, en aras de una supuesta modernización y racionalización. En efecto, a poco de asumir, ya en diciembre de 2015 y principios de 2016, el panorama para el sector del trabajo se volvió sombrío, cuando los anuncios de miles de despidos en distintas esferas del estado nacional, reavivaron los peores fantasmas.  Cabe preguntarse por qué razón los empresarios habrán de cuidar el empleo, si la primera señal en sentido contrario la da el propio gobierno, pero además es necesario desmontar esta idea de que despidos y desinversión  es sinónimo de modernización. En primer lugar, ningún estado que se jacte de moderno, puede ser ineficaz y desprovisto de lo necesario para ofrecer servicios y soluciones a los ciudadanos contribuyentes (es decir todos los argentinos que pagamos impuestos). Siendo el primer resultado del ajuste el desmantelamiento de servicios (generalmente afectado a  los sectores más vulnerables de la población, y afectado derechos básicos, como la salud y  la educación), el resultado es justamente ese, un estado atrasado e inútil, precisamente “no moderno”.

Por el otro,  ninguna nación moderna del mundo se enorgullece  de desatender el desarrollo industrial nacional y tecnológico, pero es exactamente lo que se está haciendo aquí, en aras de “ingresar al primer mundo”. Ejemplos de esto son el vaciamiento de CONICET y la desinversión en  ciencia y tecnología, los ataques contra Aerolíneas, la paralización de ARSAT y la industria satelital nacional, el desprendimiento de varias áreas y explotaciones  de YPF y, recientemente,  el vaciamiento de la estatal Fabricaciones Militares (con despidos en todo el país en los últimos días, y que dejan al borde del cierre  las plantas de Río tercero y Villa María, aquí en Córdoba). Todos  estos dispositivos son de desarrollo industrial, científico y  tecnológico soberano que apuntan  a una Argentina fuerte, pujante e industrial y que son generadores  de miles de puestos de trabajo calificado.   No es casual, entonces, que los despidos y los vaciamientos  se dirijan sobre esas áreas. Porque como dicen una y otra vez, tanto el Presidente Macri como su equipo económico, es necesario desregular el mercado,  abrir las importaciones y salir de la intervención estatal. Todo esto es lo que configura, contrario a su discurso, estados atrasados e ineficaces y países inmersos en el subdesarrollo crónico.

 

Los despidos en el sector privado

Pérdida de puestos de trabajo en la Industria, caída persistente

Abrir las importaciones, elevar  enormemente los costos de producción y enfriar el mercado interno (reducción del consumo) pone las cosas muy difíciles  para la industria, que comienza a bajar la producción, luego  a despedir y suspender  trabajadores y en muchos casos, finalmente a cerrar sus plantas. Entre  2015 – 2017, la caída de la industria ha sido persistente y la pérdida de puestos de trabajo industriales también. A lo largo de 2017,  la industria privada expulsó un promedio de  2.340 trabajadores  mensuales, siendo las ramas más afectadas: textil, alimentos y bebidas, petróleo, energético, autopartes y calzado entre otros. En el área de servicios, la mayor cantidad de  despidos se dio  en el comercio.  Todo esto favorece el objetivo de fondo del gobierno -para quien el costo laboral argentino es  inaceptablemente alto-  que es negociar salarios a la baja y propiciar una recuperación  de puestos de trabajo precarizados, informales y mal pagos, fuera de los derechos que les proveen a los trabajadores los Convenios Colectivos de Trabajo, por eso también es fundamental para ellos aprobar la Reforma Laboral. El problema es que mientras no se tome otro rumbo, la economía se enfría cada vez más,  se vuelve cada vez más primaria, frágil y precarizada.

Pérdida del poder adquisitivo

2016 fue un año negro con una inflación acumulada del 45%,  2017 tuvo una desaceleración en la suba inflacionaria, aun cuando fue muy superior a la proyectada por el gobierno, con un estimado del 25  %,  lo cual  suma una inflación acumulada durante el gobierno de Cambiemos de más del 60 %. Siendo los promedios de aumentos salariales muy inferiores a esa cifra, entre el 15 % y el 30 %, la conclusión es que hubo una pérdida en el poder adquisitivo y que los salarios  terminaron entre el  10 y el 15 %  por debajo de la inflación, con algunos casos donde la pérdida fue mayor.  La respuesta del gobierno fue dejar de convocar al Consejo del Salario mínimo, Vital y Móvil y favorecer acuerdos paritarios a la baja, cuando no fijarlos unilateralmente en el caso de las paritarias estatales.  Todo es coherente a  su concepción económica neoliberal, donde el salario es un costo y donde el costo debe ser reducido para favorecer la inversión  empresarial y la generación de empleo. Esta es una las falacias más extendidas de la economía clásica, porque en los hechos, ajuste y caída salarial, siempre enfrían la economía, nunca  la reactivan. Lo que sí se reactiva es la ganancia empresaria, razón por la cual, esta receta es  defendida corporativamente,   pero  presentada como una máxima económica, para justificar su aplicación. Veamos como esto se comprueba en el caso de la economía argentina de los dos últimos años.

Algunos rubros de la industria mejoraron ostensiblemente  ¿Y el derrame?

Uno de los argumentos más repetidos por  la política económica  neoliberal, es que el  ahorro, el ajuste, la baja de los costos empresarios y  la transferencia de recursos desde los sectores medios y bajos a los sectores concentrados, termina provocando un efecto positivo en el conjunto de la economía, donde los recursos retornan  de arriba hacia abajo, en forma de inversiones, generación de nuevos empleos o aumentos salariales. Es  lo que se conoce como “teoría del derrame”, una verdadera falacia.  Un estudio del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) [1] en base al análisis  del Valor Agregado Bruto (VAB – variable macroeconómica  que mide el valor generado por el conjunto de productores de un área económica), arroja las siguientes conclusiones.

Entre 2015 y 2017 las cuatro principales ramas de la economía beneficiadas por  la política económica, fundamentalmente  la quita de retenciones, la  devaluación y el tarifazo,  son: la agricultura, ganadería, caza y silvicultura, la intermediación financiera, la  electricidad, gas y agua  y la explotación de minas y canteras. Sin embargo, esto no se tradujo  ni en mayores inversiones (más bien todo lo contrario, hay una desaceleración de inversiones),  ni en un aumento de la producción, ni en aumentos salariales que le ganen a la inflación, ni en la generación de nuevos puestos de trabajo.  Más bien lo contrario, en tanto son sectores que expulsaron trabajadores del mercado, expulsando a  39.306 trabajadores en promedio entre los primeros tres trimestres de 2015 y los primeros tres trimestres de 2016 (que significa una caída de 0,632 %) (Datos de empleo de  SIPA  – Sistema integrado Previsional Argentino).

Así concluye el informe del CEPA: “Es posible concluir que las ramas “ganadoras” son aquellas que se quedaron con parte de los ingresos que anteriormente recibían otras actividades  y a la vez, se apropiaron sensiblemente de los ingresos de los trabajadores en un contexto mayormente de retracción de productiva (los trabajadores perdieron 8,91 % de su participación en el ingreso total de las cuatro actividades considerando (la)  participación de los trabajadores en el ingreso nacional de 2015…). El incremento del Valor Agregado Bruto de estas actividades no ha redundado en un beneficio para el conjunto de la sociedad argentina, sino que ha significado estrictamente un aumento de la renta extraordinaria apropiada por este sector”.

En conclusión, de seguir por esta senda, cada vez serán más los sectores industriales (especialmente el universo de las pequeñas y medianas empresas, pero también de las áreas no favorecidas por las importaciones)  y de la economía que tengan serias dificultades para mantener el empleo con buenos salarios, y para realizar inversiones  y cada vez serán más grandes las ganancias de grupos concentrados y de sectores favorecidos, cuyos beneficios no redundan en nuevos puestos de trabajo, ni en inversiones. Veamos sino el caso de las empresas eléctricas privadas  de Buenos Aires,  que reciben subsidios millonarios y ahora grandes ganancias con  los tarifazos aplicados y brindan un servicio cada vez peor, con trabajadores precarizados y tercerizados en todas sus áreas, con salarios que no han aumentado acorde  al aumento de sus ganancias y con cortes de luz permanentes que duran días.

Debemos cuidar mucho a nuestra EPEC, especialmente en un contexto económico como éste, donde la desinversión está de moda nuevamente y donde nuestro salario comienza a ser visto  como un estorbo.

[1] http://centrocepa.com.ar/el-nuevo-fracaso-de-la-teoria-del-derrame/

 

 

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