JULIO “QUEBRACHO” MURÚA NUESTRO PRIMER CONDUCTOR

El Consejo Directivo del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba rinde homenaje a nuestro primer conductor, el “Quebracho” Murúa.  Estamos convencidos que teniendo como guías a nuestros grandes dirigentes sindicales, nos fortaleceremos cada vez más para enfrentar el ataque al que nos somete el gobierno nacional con su política antiobrera.

 

El 17 de enero se cumplieron 28 años del fallecimiento del compañero Julio “Quebracho” Murúa, quien fue el primer conductor de nuestro querido sindicato.

El 5 de febrero de 1944 se fundó Luz y Fuerza de Córdoba y ese día “Quebracho” Murúa fue elegido por la Asamblea Constitutiva, integrada por alrededor de 60 compañeros, como Presidente de USEOCPE (Unión Sindical de Empleados y Obreros de las Compañías de Electricidad), predecesora de nuestra organización sindical.

Julio Murúa encabezó la Comisión Directiva provisoria que además de sus funciones gremiales, le tocó confeccionar el Estatuto Sindical a través del cual al año siguiente fue elegido Secretario General Atilio Borserini.

El “Quebracho” como le decían muchos de sus compañeros, estuvo presente en cada lucha y cada vez que el gremio se lo requirió hasta su fallecimiento el 17 de enero de 1990. Con Cristóbal Sierra fueron los delegados gremiales ante las patronales privadas y junto a los demás compañeros pioneros acompañaron fervientemente la estatización del servicio eléctrico en 1946.

 

Una vida de militancia

Hasta los primeros años de la década del 40, la inmensa mayoría de los trabajadores argentinos estaban en la más absoluta desprotección. No había prácticamente leyes laborales, ni convenios colectivos, ni jubilaciones, ni servicios sociales, la sindicalización era aún débil y perseguida por las patronales. Es a partir de la Revolución del 4 de junio de 1943, que lleva a la Secretaría de Trabajo y Previsión al coronel Juan Domingo Perón, que se impulsan cambios de fondo en la política social y laboral, que respondían a los reclamos históricos de los pocos gremios existentes (especialmente en el interior) y de miles de trabajadores todavía no sindicalizados. Este giro determinó que numerosos dirigentes sindicales se acercaran  y comenzaran a organizarse en nuevas entidades gremiales, de modo que empezó a surgir un nuevo y cada vez más fuerte movimiento obrero.

Julio Murúa había ingresado a la Compañía Central Argentina en 1928, en Villa María, y en 1936 lo trasladan a Córdoba a la Compañía de Luz y Fuerza Motriz. Contó alguna vez que “la primera chispa de Luz y Fuerza surgió en Medidores y Conexiones (…) Me invitaron a unirme al grupo, pero no teníamos experiencia sindical previa, no sabíamos cómo organizarnos”. Al poco tiempo empezaron a organizarse con la ayuda del cura Rafael Moreno que pertenecía al Círculo Obrero Católico, quien los asesoró en materia gremial  y ofreció el local para reunirse. La tarea del Círculo Obrero Católico  había sido encargada directamente por Perón, quien le había encomendado la generación de nuevas organizaciones sindicales en el interior que se consiguió con el ascenso y consolidación  del peronismo.

Las dificultades para cumplir el objetivo de una organización que nucleara y defendiera a los trabajadores de la electricidad fueron muchas y de alto riesgo. Las empresas privadas trataron de evitar la sindicalización amenazando con sanciones, cesantía o despido. Una vez lograda, muchos aspectos que hoy consideramos básicos en cuanto al reconocimiento de nuestros derechos, debían conquistarse, en tanto cotidianamente se vivían situaciones denigrantes para los trabajadores: sanciones y despidos arbitrarios, condiciones inhumanas de trabajo, falta de descanso adecuado.

Murúa narra con claridad  esta  tensa situación con la empresa: “No nos echaban porque estaban esperando que Perón cayera… Sin su respaldo, organizar el sindicato hubiera sido suicida… Mientras tanto intentaron de todo, nos amenazaban  con el despido, intentos de soborno (…) Las cosas se simplificaron durante 1945“.

Luego de dejar la conducción sindical, “Quebracho” continuó su militancia, entrega y compromiso con el gremio, aún después de jubilado. Ejemplo de esto fue su activa participación en 1967 como presidente de la Comisión de Solidaridad con los compañeros cesantes y sancionados por el Directorio empresario cómplice de la dictadura de Onganía, que en 1966 había iniciado una dura política represiva contra los trabajadores, prohibiendo las manifestaciones y la realización de medidas de fuerza. En aquella oportunidad “Quebracho” Murúa manifestaba: “Me parece increíble que sucedan estas cosas, comprobar que se castiga a los trabajadores  por ejercer un legítimo recurso amparado constitucionalmente es como volver  muchos años atrás, varias décadas atrás  (…) Vamos a superar esta situación. Lo digo porque tengo fe inquebrantable en el gremio, en su espíritu de lucha, en su Consejo Directivo, como en el Cuerpo General de Delegados” (Eléctrum N° 111, 31/03/1967)

En una fecha tan significativa para todos los lucifuecistas, el 13 de Julio de 1955, la Asamblea General Extraordinaria del gremio decidió “por unanimidad y con aplauso” otorgarle la Medalla al Merito Sindical que tradicionalmente entrega la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza.

A estos hombres y dirigentes lucifuercistas como Julio “Quebracho” Murúa, queremos brindarles todo el reconocimiento y honores que tiene Agustín Tosco o Lorenzo Racero, ya que son ni más ni menos que los fundadores del gremio de Luz y Fuerza. Sobre estas bases, sobre estas columnas se construyó nuestra rica historia que seguramente ellos soñaron.

 

 

 

 

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