ANIVERSARIO SINDICATO DE LUZ Y FUERZA DE CÓRDOBA – UNA BREVE SÍNTESIS

Hace 75 años, un grupo de compañeros que trabajaban en las empresas inglesas Compañía de Luz y Fuerza Motriz y la Compañía General de Electricidad, decidieron crear una organización sindical a la que denominaron Unión Sindical de Empleados y Obreros  de las Compañías Productoras de Electricidad que después pasaría a denominarse Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba una vez que aprobaron su estatuto al año siguiente.

Hasta ese día, la patronal no permitía la sindicalización, hasta el punto de haber cesanteado a quienes lo habían intentado en años anteriores.  Fue la acción de Juan Domingo Perón al frente de la  Dirección Nacional del Trabajo en 1943 (que después sería convertida en Secretaría Nacional del Trabajo en 1944 y en Ministerio Nacional del Trabajo siendo Juan Domingo Perón elegido democráticamente  Presidente de la Nación, hoy rebajado a Secretaría por el gobierno reaccionario de Macri) lo que amparó la decisión de aquellos decididos compañeros conducidos por Julio Quebracho Murúa para crear a nuestro sindicato.  La resistencia de la patronal nada pudo hacer en ese momento en espera de que el embajador norteamericano Braden propiciara la llegada al gobierno de una coalición conservadora (su candidato fue Tamborini) con lo que se descontaba que inmediatamente suprimirían al sindicato y cesantearían a sus dirigentes.  No obstante Julio Murúa, Atilio Borserini y Cristóbal Sierra persistieron firmemente en su propósito.  Una vez que el candidato de la embajada norteamericana fuera derrotado por Perón,  Cristóbal Sierra como secretario general en 1946 impulsó en Córdoba la estatización de las empresas eléctricas.  Posteriormente, habiendo  fortalecido al sindicato, logró el primer Convenio Colectivo de Trabajo, la creación de FATLYF en 1948, la creación de EPEC en 1952 y la primer edición de Eléctrum de la mano de Agustín Tosco.

Tras el golpe de 1955, nuestro sindicato tomó un nuevo impulso con la conducción de Agustín Tosco escribiendo páginas memorables de la historia argentina como el Cordobazo y el Viborazo, y la creación de la CGT de los Argentinos para luchar por la liberación nacional.  Desgraciadamente un golpe policial derrocó al gobierno popular de Córdoba  de Obregón Cano y Atilio López en 1974 y posteriormente la presidente María Estela Martínez de Perón nombra  interventor de Córdoba a raúl lacabanne que el 9 de octubre irrumpe a los balazos en nuestra sede sindical y ordena la detención de Agustín Tosco que debe pasar a la clandestinidad porque además la triple A lo había amenazado de muerte, falleciendo por falta de atención médica el 5 de noviembre de 1975.  Alberto Caffaratti, uno de los compañeros que lo había asistido hasta ese momento, fue secuestrado y desaparecido a la salida de su lugar de trabajo el 15 de enero de 1976 por orden de luciano menéndez.  Tras el golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976, el 4 de junio fue secuestrado y desaparecido el compañero Hernán Vives mientras realizaba una colecta en San José de Calasanz para asistir a las familias de los compañeros cesanteados,  perseguidos y encarcelados.   Quien estaba al frente de la resistencia lucifuercista, el compañero Tomás Titi Di Toffino, fue secuestrado y desaparecido el 30 de noviembre de 1976 a la salida del Edificio Central donde estaba trabajando sin que se hubiera amedrentado pese a las amenazas recibidas.  El 24 de octubre de 1977 fue secuestrado en su domicilio  y desaparecido, el compañero José Brizuela.  Además cientos de compañeros fueron perseguidos y cesanteados y decenas de ellos encarcelados y torturados hasta que fueran liberados al lograse el retorno de la democracia.  Precisamente militantes de nuestro sindicato tuvieron una participación activa en la recuperación  de la democracia y de nuestra organización sindical, en conjunto con compañeros y compañeras pertenecientes a otros Gremios.  En esta arriesgadísima tarea participaron compañeros y compañeras liderados por Oscar Filippini, Alberto Fonseca, Cachulín Alvarez y Ramón Conteras, que actuaban en la clandestinidad.

Es justo mencionar a dos compañeros que tuvieron mucho que ver en esta tarea de organización de la lucha porque se jugaron no solo su integridad sino también la de sus familias, me refiero al compañero Crisóstomo Lescano (Secretario General de los Canillitas y padre de nuestro Presidente del Cuerpo General de Delegados) y de Jerónimo Suárez (Secretario General del Sindicato de la Madera y padre de nuestro Secretario General  Gabriel Suárez).

En aquella época no había teléfonos celulares y casi nadie de nosotros tenía teléfono de ENTEL.  La coordinación entre los militantes de los distintos sindicatos que en la clandestinidad habían creado la CGT Brasil, la hacíamos mediante mensajes intercambiados en el kiosco de revistas y diarios que Crisóstomo tenía en la esquina de Gral. Paz y Tablada.  Allí sigilosamente concurríamos para intercambiar información.  También en la Colonia de Vacaciones de Canillitas ubicada en Unquillo, Crisóstomo Lescano alojó a Saúl Ubaldini que debió ocultarse en una de sus visitas clandestinas que realizó para reunirse con los compañeros de  Córdoba, la  que había sido detectada por los esbirros de la dictadura que ordenó redadas sin éxito en Villa Allende.

Factor fundamental también fue el compañero Jerónimo Suárez que albergó en su sindicato las reuniones de nuestro Cuerpo General de Delegados en la Resistencia conformado en la clandestinidad en el segundo semestre de 1982.  Hay que recordar que todavía regía la prohibición de realizar reuniones de más de tres personas corriendo el riesgo de la detención y desaparición.  También se debe reconocer la valentía de los cerca de cien Delegados que conformaron ese Cuerpo de Delegados y los cerca de seiscientos compañeros que firmaron las planillas dándoles el mandato.

Finalmente en noviembre de 1984 se produjo la normalización de nuestro sindicato eligiéndose mediante una elección ejemplar demostrando la vocación democrática  del Gremio.  Esa conducción encabezada por Sixto Ceballos le ganó la pulseada al gobernador Angeloz recuperando en febrero de 1986 el Convenio Colectivo de Trabajo 165/75 que había sido cercenado el 2 de febrero de 1977.  A Ceballos lo sucedió Felipe Alberti que le tocó enfrentar la amenaza antidemocrática de los “cara pintada” con todo el riesgo que significaba para los militantes lucifuercistas un nuevo golpe de estado.

Entre 2001 y 2002, le tocó a Lorenzo Racero enfrentar los intentos de privatización de los gobiernos de Angeloz, Mestre y De la Sota, logrando el triunfo final el 30 de octubre de 2001.

A partir de allí se inició la recuperación de la operatividad de la empresa tras el vaciamiento sufrido durante los intentos privatistas, tarea que no tiene fin y en la que actualmente está enfrascada la lucha del Gremio.

Dante Maldonado

Secretario de Prensa

 



Walter Lescano (Presidente del Cuerpo General de Delegados e hijo de Crisóstomo Lescano): “Mi padre me dejó el conocimiento y la ganas de luchar por lo que él nos inculcó”

Cuando viene el golpe militar, los militares entran en mi casa para buscar a mi papá. Mi papá se llamaba Crisóstomo Lescano, y es poco lo que recuerdo porque era muy niño. Tengo claro el recuerdo de cuando entraron los militares a mi casa en Barrio Las Violetas, el maltrato hacia Diego, mi hermano más chico que era un bebé al que le amagaron pegarle con la culata del fusil porque no dejaba de llorar.

En ese momento mi papá era vicepresidente del Concejo Deliberante. Mi padre era canillita, una vez sucedido lo del golpe militar, él vuelve a trabajar al kiosco de diarios. En esas circunstancias es cuando los militares lo empezaron a perseguir, tuvo que andar escondido junto a Saúl Ubaldini, era perseguido porque mi padre era gremialista y representaba al Sindicato de Diarios y Revistas junto a Jesús Cuello.

Yo solía escuchar los comentarios entre compañeros de mi padre. La comunicación entre ellos era a escondidas y por intermediarios, nunca fue de forma directa, en el día decidían dónde y a qué hora encontrarse. Después buscaban otro lugar.

En la calle Oncativo, solían alquilar un espacio que estaba al fondo de un pasillo.

Gracias a Dios, nací en cuna militante y en una familia que nos enseñaron  a defender los derechos de los laburantes. En mi casa los diálogos y las discusiones siempre rondaban en base a los derechos de los trabajadores y ese es siempre mi norte.

Mi padre ya no está entre nosotros, hace 21 años que se nos fue. Pero él me dejó eso, las puertas abiertas, el conocimiento y la ganas de luchar por lo que él nos inculcó, la defensa de nuestros derechos, como él decía, nadie da nada a nadie si  no lo pelea y lo defiende y eso es lo que nos está pasando ahora.  Escuchando  a viejos militantes, me doy cuenta que nos está pasando lo mismo que nos pasó en otras épocas, los lucifuercistas más que nadie sabemos que lo que tenemos es por nuestra lucha por conseguir nuestros derechos y por luchar para conservarlos. Nadie nos regaló nada, eso lo tenemos que tener siempre presentes.

Crisóstomo Lescano , Secretario General de Canillitas
Walter Lescano, Presidente del Cuerpo General de Delegados

Gabriel Suárez (Secretario General e hijo de Jerónimo Suárez): “Debemos honrar a aquellos dirigentes sindicales, políticos y sociales que entregaron su vida por la democracia”

A partir del golpe cívico militar de 1976 todos los que tenían alguna función sindical, política o barrial -porque siempre existieron las estructuras barriales que estaban a la altura de las necesidades vecinales- tuvieron que reducir su actividad considerablemente y realizarla clandestinamente. También fueron muy golpeados los sectores universitarios donde se iba formando una generación que iba a gravitar en los distintos episodios por la liberación nacional y por la intencionalidad de impedir que un gobierno de facto lograra imponer lo que todos sabemos que sucedió con esa dictadura criminal.

En lo personal sufría cada vez que detenían a mi padre porque desconocíamos su paradero y debía como hijo mayor encargarme de ubicarlo y asegurarme que estuviera con vida, acercarle todo lo que necesitara y a la vez contener a mi madre y a mis hermanos menores. He sido testigo de tristes episodios que ocurrieron no sólo en mi hogar de barrio Patricios primero y luego en Don Bosco. Indudablemente que cuando era detenido un dirigente sindical todos nos preocupábamos porque había varios que siempre se juntaban. Por ejemplo recuerdo a Miguel Angel Correa que más de una vez lo acompañaba a mi padre en un Renault 4 ó 6 a buscarlo, sacarlo de la casa, tenerlo un par de horas en nuestra casa para después llevarlo a otro lugar porque cada dos por tres lo buscaban para detenerlo. Correa en ese momento era el Secretario General de la CGT e integraba el Consejo Directivo del Sindicato de la Madera donde estaba mi viejo. Después se sucedieron un montón de episodios como allanamiento a nuestra casa y a la organización sindical. Ver los operativos militares que se había hecho una costumbre y cada dos por tres tener que buscar con quien hablar para conocer el paradero de mi padre, contactar a los abogados, ir de aquí para allá tratando de asegurarnos que estuvieran con vida y luego difundir lo que pasaba para que no quedara en el hermetismo, para que no sucediera lo que ocurrió con algunos dirigentes sindicales, sociales y estudiantiles, que sufrieron el secuestro y desaparición.  Hoy nos sigue doliendo y nos apena muchísimo que tengamos 30 mil desaparecidos como consecuencia de una dictadura cívico- militar que impuso un modelo de exclusión social con persecución, con la eliminación de la cultura del peronismo, que dañó la izquierda y a todos los sectores que se oponían a la dictadura. Inclusive cualquier acto relámpago conllevaba riesgo de detención. Me acuerdo un día durante una fiesta del gremio de Comercio dirigido por  Fatala y de la que participaron mi padre Jerónimo Suárez, Manuel Reyes, Murúa, dirigentes que en aquella época movilizaban permanentemente en contra de la dictadura, en esa fiesta como si fuese un 13 de Julio nuestro, cuando dan a conocer que habían llevado una ofrenda floral por el aniversario del asesinato de Rucci, automáticamente los detuvieron. Y esta fue la permanente  persecución, las golpizas, aún hoy rondan en mi memoria escenas de esos momentos, ver a mi padre desnudo, atado, colgando del techo, querían que lo viera  así adrede para que no imitara su ejemplo.  Pero no lograron que no siguiera el ejemplo de mi padre y lo seguiré haciendo hasta mi último día de vida.

Es duro recordar los periodos de persecución y cárcel que le tocó a mi viejo durante la dictadura por lo que a quienes formábamos parte de su familia nos tocó también padecer, como les pasó a todos los familiares de los militantes políticos y gremiales que sufrieron la prisión y hasta perder la vida por defender sus ideales de justicia y de  liberación de la Patria.

Cuando mi padre estaba detenido muchas veces no podía verlo pero sí escucharlo en los famosos locutorios.  Quienes lo tenían injustamente encarcelado, trabajaban sistemáticamente para reventarnos la cabeza, para que no siguiéramos ese camino, que era el camino correcto que sabía que llevaba mi padre. A veces te hacían ver cómo estaba, cómo lo torturaban y vos nada más tenías que bajar la cabeza, llorar un poco y volver a tu casa a contener a tu madre diciéndole que estaba todo bien cuando en realidad no estaba nada bien, porque no sabías si al otro día lo ibas a poder volver a ver. En las charlas en el locutorio, me preguntaba cómo estaba la vieja y hablar de mis abuelos también, sus hermanos, fue una época bastante fea. Por eso cuando retornó la democracia, muchos entendimos que la teníamos que defender con uñas y dientes y no permitir que nunca más una dictadura, de ningún tipo, dejara de lado la sociedad y a los sectores más desprotegidos.

Cuando lo trasladaron a Encausados, estuvo mucho tiempo detenido a veces en forma permanente y otras en forma discontinua. El sufrimiento de ver a un padre detenido, quien lo padeció, lo puede describir y el que no lo padeció, espero que nunca le toque experimentar esa situación.

La otra cuestión es que mientras la vida de ellos estaba adentro de una cárcel, la vida nuestra continuaba, y allí se veía la solidaridad de las organizaciones sindicales, de garantizarle que no les faltara la comida a la familia de los dirigentes que estaban detenidos.  Eso es lo que más preocupaba porque no estaba el sostén de familia, ir a buscar alguna posibilidad de conseguir un plato de comida para que tuviera la familia. Después en cada libertad, el abrazo fraterno de todos, y ver que abrazábamos a alguien tan noble y grande que había que entender su padecimiento y después imitarlo y comprender su momento de soledad en el que indudablemente debe haber estado pensando mucho en las cosas que le sucedieron y que solamente él y algunos compañeros de celda pueden saber lo que pasaba con las torturas.

Tuve la posibilidad de escuchar hablar a mi viejo sobre muchos dirigentes sindicales.  De chico, como quien dice, jodía a mi viejo que me llevara al Sindicato de la Madera que está todavía en calle Rodríguez Peña 352, donde pude ver a todos los dirigentes sindicales, a todos, todos los que han pasado hasta la fecha,  porque la particularidad del sindicato de la Madera era que allí se juntaban todos, de izquierda, de derecha, el peronista ortodoxo, el peronista renovador, el estudiantado. No ha habido ningún sector social que no concurriera a la sede sindical de la Madera. En la etapa de las intervenciones a las organizaciones sindicales, ese sindicato se mantenía abierto para que las agrupaciones pudieran trabajar fuertemente para recuperar sus gremios. Cuando mi viejo pierde la organización sindical porque la dictadura lo detiene y lo priva de su libertad un tiempo prolongado, batallamos para su liberación, pero cuando al fin lo logramos, la patronal de la carpintería en la que trabajaba no lo quería reincorporar porque había una orden bajada de la dictadura para dejarlo en la calle y hacerlo mierda, pero a los 5 ó 6 días ya estaba de nuevo trabajando en otra carpintería y continuando como afiliado al Sindicato de la Madera; presentándose en las elecciones y ganándolas. Todavía hay un reconocimiento muy merecido en el camping de la Madera de Unquillo donde hay una foto de mi viejo votando en esa elección que gana recuperando así,  la conducción de su organización sindical tan querida.

Hubo numerosos dirigentes sindicales con los que se puede estar de acuerdo o no, pero no podemos negar que fueron parte de la Córdoba universitaria, de la Córdoba rebelde, la del Cordobazo. Muchos de ellos no son nombrados por esta división generada por los distintos pensamientos políticos y por ahí por la intencionalidad de medios periodísticos, hay dirigentes que han trascendido y otros que no y uno tiene que recordar a todos porque fueron los que nos dieron hoy día lo que tenemos, los convenios, los derechos laborales.  Al margen de la figura máxima que dignificó al pueblo que fue Juan Domingo Perón, hubo estructuras sindicales que fueron perfeccionando su actividad y cubriéndolas con acuerdos que son los convenios colectivos que hoy tratan de eliminar.

Siempre estamos tratando de buscar lo mejor para nuestra institución sindical, no hay ningún dirigente gremial que no piense en su organización y esa organización somos los afiliados. En esos tiempos peleábamos por la recuperación de la democracia y el sostenimiento de algunas conquistas que teníamos. En estos últimos años con los acuerdos con el FMI que estamos soportando hoy, estamos ante una dictadura económica, por lo que cuando te tengan que cagar a palos en las movilizaciones, eso va a estar al orden del día.  Por eso debemos unirnos, tener fe en nosotros mismos, creer que se pueden sortear los inconvenientes que tenemos porque votando bien honraremos a aquellos dirigentes sindicales, políticos y sociales que entregaron su vida por la democracia, por su institución sindical, por sus ideas, entonces tenemos que ser nosotros responsables de no votar por bronca sino con inteligencia.

Si todos vemos cómo están de mal las cosas, por qué nos dejamos engañar.  Al final vamos a terminar aceptando que el pueblo tiene el gobierno que se merece porque uno mismo lo vota, entonces creo que tenemos que tratar de modificar la realidad, votar a quienes realmente nos represente, a quienes realmente no nos traicione y que pelee por nosotros y demuestre que pelea por nosotros. Y esto va a venir en breve en las elecciones provinciales y nacionales para seguir sosteniendo esta democracia y poder recuperar las libertades que hoy están un poco diezmadas. Nos quieren convencer de que la inseguridad actual la combatirán con reducción de la edad de imputabilidad en lugar de solucionarla  generando puestos de trabajo para que la juventud pueda salir adelante. Esto pasó durante la dictadura y no había posibilidad de expresarlo, porque quien lo expresaba era encarcelado, lo torturaban y desaparecía. Soy consciente de todo lo que afirmo y ya no tengo esa edad donde veía  como inalcanzable la figura paterna encarnando a un dirigente sindical muy importante de la provincia de Córdoba en aquellos años. Sí creo que no me pudieron cambiar las ideas ni matar la historia del apellido y no lo van a hacer porque esto mismo yo de alguna manera se lo traslado a mis hijos y mis hijos hacen lo mismo a mis nietos.

En el trabajo diario de quienes tenemos algún grado de responsabilidad hay que multiplicar las adhesiones para tener un modelo económico productivo que genere trabajo, que tengamos convenios, que tengamos los mejores salarios, que podamos vivir dignamente para que todos podamos ser felices, entonces les diremos a todos aquellos golpistas que nos hicieron ver que era malo lo que estaban haciendo estos dirigentes sindicales, que era lo que se debía hacer en ese entonces y es lo que se debe hacer ahora para recuperar la dignidad y la credibilidad de la clase a la cual pertenecemos, la de los trabajadores.

 

El compañero Jerónimo Suárez (Secretario General del Sindicato de la Madera)  junto a su hijo Gabriel Suárez (Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba) (foto de archivo del 20 de diciembre de 2012)

 

 

 

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