Adriana Marsó, una trabajadora de la memoria Hasta siempre Compañera

El 5 de febrero falleció lamentablemente la compañera Adriana Marsó, trabajadora de nuestro gremio, quien estaba a cargo del Centro de Documentación Histórica del Sindicato de Luz y Fuerza, que guarda  la historia y memoria lucifuercista.

Como archivera,   Adriana trabajó con gran dedicación en la formación y desarrollo del  archivo histórico del gremio, aportándole su conocimiento técnico,  pero también y sobre todo su compromiso inclaudicable.  Solidaria, era una compañera comprometida con la lucha social y llevaba consigo los ideales y la historia del sindicalismo combativo. Comunista, hija de un histórico militante comunista y ferroviario, ella también militante de toda la vida y una gran admiradora de Agustín Tosco, a quien le dedicó buena parte de su trabajo, recopilando sus discursos y escritos.

 Todo ello, como la historia lucifuercista,  cuidadosamente clasificado y preservado en el archivo histórico del gremio, único en su tipo en Córdoba, y al que Adriana le dedicaba mucho compromiso y seriedad en cada tarea, consciente de la importancia que tiene para una institución gremial como la nuestra, la conservación y promoción  de la memoria histórica.

Su tarea en Luz y Fuerza comienza cuando se decide armar en el gremio un archivo que guardara la rica historia lucifuercista, que luego se llamará Centro de Documentación histórica.  Junto al compañero Oscar “Cachulín” Álvarez, emprendieron en 2004 la tarea de formarlo, sobre la base de las colecciones de electrum, periódicos, volantes  y afiches que distintos compañeros del gremio habían guardado celosamente durante años, a  resguardo de la censura, la represión y la intervención. Adriana vio nacer el “archivo” como comúnmente le llamamos al Centro de Documentación,  y desde su formación que implicó un gran esfuerzo, no cesó en hacerlo crecer y mejorarlo constantemente. Al acervo inicial, se fueron sumando nuevas colecciones y materiales,  periódicos, fotografías, material fílmico y sonoro, así como también de una biblioteca especializada en historia del movimiento obrero argentino, de Córdoba y en particular de nuestro gremio.  Una gran alegría para ella fue la concreción de una oficina espaciosa, con espacio de lectura para las visitas, lugar suficiente  y adecuado para guardar y ordenar el material y mesa de trabajo. Pero ella siempre iba por más y permanentemente pensaba en cómo mejorarlo y ampliar su proyección.

Adriana era solidaria, alegre, frontal y dulce a la vez,  dueña de un empuje muy particular, tenaz cada vez que se proponía algo y con una gran capacidad de trabajo.  La recordamos con su inconfundible sentido del humor que supimos disfrutar quienes compartimos con ella  horas de oficina, del trabajo en el “archivo”, en la Feria del Libro,  en fin, del trabajo y la vida en Luz y Fuerza,  de la amistad y la militancia.

En los últimos años, se incorporó al Coro de Ex Presos Políticos por la Patria Grande, algo que disfrutaba mucho y que formaba parte de su forma de vida, la militancia. Estaba en medio de varios proyectos para el Centro de Documentación histórica, área que nunca dejó de mejorar, ampliando  su proyección y su acervo en una tarea permanente de búsqueda, preservación y difusión de la historia del gremio,  de sus luchas y de la figura de Agustín Tosco.

Hoy el Centro es lugar de consulta habitual para cientos de estudiantes, investigadores del país y de afuera especializados en la historia y la lucha del sindicalismo, de Luz y Fuerza de Córdoba  y en la trayectoria  y pensamiento de Agustín Tosco.

La recordaremos en la huella  que nos deja, el Centro de Documentación Histórica  de Luz y Fuerza de Córdoba,  que ella quería entrañablemente y  al que le aportó tanto mejorándolo día  a día. Enviamos un fuerte  abrazo  a Carlos, su compañero, a sus hermanas, a sus compañeros familia y amigos. Hasta siempre Compañera Adriana Marsó,  la memoria de Luz y Fuerza seguirá bien custodiada y Viva.

No te fuiste, Adriana

    Uno entraba al Archivo del subsuelo y ahí estaba, atareada, cuidando con sagrado afán la Historia Sindical de Luz y Fuerza, la memoria de los trabajadores. Y te sonreía, se levantaba y te abrazaba, porque su entorno natural eran la amistad y la militancia, y allí se conjugaba todo. Más que la tristeza, al nombrarla nos nace un sentimiento de agradecimiento por tanta entrega y pasión en lo que hacía: cantar, investigar, ayudarnos, llevar en la sangre el sindicalismo porque se asumió siempre como una mujer de clase obrera, a la que honró.

   Por eso, sabemos cuánta fue la valía de esta amiga. Entrañable y querida amiga del alma. Adriana Marsó fue la más valiente flor que nació de sangre guerrera y luchadora del Partido Comunista, al que, como ella, había pertenecido su padre, Julio Marsó. Defendía la alegría con la porfía de los grandes, a pesar de todo lo que le tocó vivir. Nos amaba y la amábamos (no es válido hablar en pasado: hoy la amamos, siempre lo haremos).

      Una persona necesaria en la vida de todos,  se nos metió dentro. Inteligente, sensible, frontal y con  convicción inquebrantable, “la Adry” dejó su huella en cada uno de nosotros. Hasta nos permitimos decir que, con su ejemplo, nos enseñó a ser mejores personas. Lo que más recordaremos, tal vez, será su lealtad, su gusto por compartir la mesa, la guitarra  y el vino con los amigos, su risa, sus ocurrencias, su particular sentido del humor, que usaba como arma aún en las situaciones más difíciles, como fueron sus últimos días.

     Adriana Marsó amaba nuestro Contracoro al Resto, de la Agrupación de Ex Presos Políticos por la Patria Grande, que hacía sus ensayos en Luz y Fuerza. Siempre con ganas de cantar, a pesar de su falta de aire, era quien organizaba con máxima eficiencia la logística de nuestras necesidades, desde la agenda,  los horarios, los papeles, hasta las chalinas y los distintivos junto a la flor roja que nos identifican como un Coro que se enorgullece de cantarle a la Memoria, a la Verdad y a la Justicia. La flor roja y el distintivo, donde se funden ideológicamente el puño en alto y los dedos en V, se fueron en su pecho para siempre. Sabemos que ella así lo hubiese querido.

     ELECTRUM honró la memoria de nuestra compañera por su militancia y su trayectoria profesional como archivera, que permitió al Centro de Documentación Histórica del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba ser un modelo en su tipo y fuente de consulta imprescindible a la que acuden historiadores, militantes y tesistas, tanto argentinos como extranjeros. Nosotros, quisimos recordarla con estas palabras desde otro lugar mágico: como la amiga que cantaba a nuestro lado, con la que todavía seguimos hablando pecho adentro, porque, al decir de Miguel Hernández: “ tenemos que hablar de muchas cosas/ Compañera del alma, Compañera”.

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