HOMENAJE AL LIBERTADOR SAN MARTÍN

En el mural Cruce de los Andes de Calasanz

 

El 17 de agosto conmemoramos el 171° aniversario del paso a la inmortalidad del general José Francisco de San Martín.

Como es una tradición llegada esta fecha, se le rindió homenaje al padre de la patria en el mural Cruce de los Andes del Complejo San José de Calasanz, que es un orgulloso espacio de memoria que tenemos los lucifuercistas. Además de compañeros de Calasanz, participaron compañeros de otros sectores de trabajo.

El emotivo homenaje comenzó con el ingreso de la bandera nacional portada por el compañero Ezequiel Poletti, escoltado por los compañeros Sebastián Oliva y Esteban Mondino. A continuación se entonó el himno y se colocó al pie de la imagen de San Martín una ofrenda floral que donó nuestra Organización Sindical.

Luego el compañero Carlos Pedernera brindó palabras alusivas y compartió unmensaje de su hermano Fernando Pedernera, veterano de Malvinas, quien en otros eventos en Calasanz nos ha estado acompañando.

En su mensaje rescata que San Martín “entregó su vida para ser un servidor de la libertad”, y valora el compromiso de los trabajadores en honrar a nuestros próceres: “…siempre con el mayor respeto hicieron posible llevar adelante cada logro en la Empresa Provincial de Energía… Son luchadores que siempre hicieron historia junto a muchos cordobeses, que lucharon para hacer grande a nuestra Córdoba querida. Un fraternal abrazo”.

Edgar Cecchino, jefe de Mantenimiento de Redes Subterráneas, y Carlos Pedernera, junto a algunos de los compañeros presentes en el homenaje al Libertador
Carlos Pedernera, Ignacio Urdaniz y el abanderado Ezequiel Poletti junto al mural Cruce de los Andes

 

 



José de San Martín

 

Sus convicciones alumbran nuestros pasos

 

La historia de San Martin está atravesada por trascendentales logros, pero detrás de cada uno hay esfuerzo, dificultades, valor, solidaridad y lealtad a una causa, los mismos valores que forman parte de la historia de lucha de los trabajadores.  San Martín es un ejemplo que también alumbra nuestros pasos.

Queremos honrar al Libertador de Argentina, Chile y Perú, compartiendo una síntesis de su vida y obra que nos deja muchas enseñanzas.

 

El nacimiento en Yapeyú

José Francisco de San Martín fue hijo del capitán Juan de San Martín y de Gregoria Matorras del Ser.

El Libertador vino al mundo el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú (provincia de Corrientes) y que, por entonces, era la capital de uno de los cuatro departamentos en que habían sido agrupados los treinta pueblos de las misiones guaraníticas tras disponer el rey Carlos III en 1767 la expulsión de los jesuitas, quienes habían evangelizado la región, sufrido el martirio en muchos casos e incorporado a miles de indígenas a la vida moderna.

Juan de San Martín ejerció allí, desde 1775, las funciones de teniente de gobernador.

En 1783, la familia San Martín (el padre, la madre y cinco hijos, de los que cuatro eran varones) emprendió un viaje a España.

 

Soldado del ejército real

José de San Martín, después de realizar estudios elementales en Málaga, donde se había establecido su familia, se incorporó en 1789 como cadete al Regimiento de Murcia, del arma de infantería.

Mientras formó parte del ejército real con guarnición en España, combatió inicialmente en África contra los moros (árabes islámicos que habitaban en el norte de ese continente) y después lo hizo en Europa o en los mares vecinos, en guerras sostenidas con Francia, Inglaterra y Portugal. Esto determinó su participación en treinta y una acciones bélicas.

Por su actuación en la famosa batalla de Bailén, donde resultaron batidas las legiones invasoras del emperador Napoleón I, fue ascendido al grado de teniente coronel y condecorado con medalla de oro, alto timbre de honor del ya por entonces destacado militar rioplatense.

Por este tiempo, en que pasó a ser oficial de caballería, San Martín se vinculó a otros jóvenes americanos, residentes en la península, que forjaban planes de independencia política para las respectivas regiones de su nacimiento.

En 1811, pidió y obtuvo su retiro del ejército real, dejó España por la vía de Portugal y se trasladó a Londres, donde esperaba concretar su propósito de pasar a América.

 

En Buenos Aires, en San Lorenzo, en el Norte

Corrido el tiempo, San Martín evocaría en varias ocasiones esta etapa de su vida.

Así, en 1848, escribió lo siguiente: “Yo serví en el ejército español, en la península, desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etcétera, resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de empeñar”.

San Martín y otros rioplatenses desembarcaron el 9 de marzo de 1812 en Buenos Aires, la ciudad capital del antiguo Virreinato del Río de la Plata.Contribuir a la independencia de los pueblos americanos era la alta misión que lo había impulsado a retornar a la tierra de su nacimiento.

A poco de su llegada, el Primer Triunvirato le confió la organización de un escuadrón de caballería, que en pocos meses se constituiría en la base del Regimiento de Granaderos a Caballo, de inmortal memoria en las luchas por la emancipación americana.Mientras instruía a oficiales, cadetes, cabos y soldados en el arte militar, en el manejo de las armas y en la disciplina castrense, el general San Martín contrajo matrimonio con María de los Remedios de Escalada.

El 7 de diciembre de 1812, el nuevo gobierno le concedió el empleo de coronel del flamante regimiento.

El 3 de febrero de 1813, San Martín, al frente de 120 granaderos, obtuvo su primera victoria en tierra americana al derrotar en San Lorenzo, cerca de la ciudad santafesina de Rosario, a 250 infantes desembarcados de una expedición fluvial corsaria promovida por el Gobierno de Montevideo, ciudad aún dominada por partidarios del rey Borbón. El combate duró quince minutos y en su transcurso el San Martín estuvo a punto de perder la vida al quedar aprisionado por su caballo herido.

El Ejército del Norte había sido creado por el gobierno revolucionario en 1810 para afirmar su autoridad y consolidar el movimiento independentista hasta las fronteras con el Virreinato del Perú. Al mando del general Manuel Belgrano, vencedor en las batallas de Tucumán y Salta, penetró en 1813 en el Alto Perú (actual Bolivia), donde sufrió los reveses de Vilcapugio y Ayohuma. Mientras las fuerzas militares derrotadas retrocedían hasta Salta para reorganizarse, el Gobierno de Buenos Aires decidió socorrerlas con el envío de refuerzos al mando del coronel San Martín. Este asumió el mando del Ejército del Norte el 29 de enero de 1814, tras disponerse el relevo del general Belgrano.

El nuevo jefe, que estableció sus cuarteles en Tucumán, se dedicó a reorganizar y disciplinar el ejército que se le había confiado, para lo que se valió de sus amplios conocimientos militares. Se hallaba dedicado a tan importante tarea cuando un grave deterioro de su salud lo obligó a pedir licencia, que le fue concedida. Pasó entonces a Córdoba, donde el descanso y los cuidados médicos contribuyeron a mejorar su estado.

 

Gobernador de Cuyo

Mientras se hallaba en el Norte, San Martín llegó al convencimiento de que por ese solo camino no se lograría derrotar a las fuerzas del virrey del Perú que ocupaban el Alto Perú. En su concepto, era necesario abrir un segundo frente por el océano Pacífico y avanzar sobre Lima para que las tropas virreinales se retirasen a fin de acudir en defensa del territorio peruano amenazado. Mientras esto no sucediese, el Ejército del Norte y la defensa de la frontera con el Alto Perú quedarían a cargo de Martín Miguel de Güemes y sus milicias gauchas.

El 10 de agosto de 1814, el director supremo Gervasio de Posadas designó a San Martín gobernador intendente de la provincia de Cuyo, dijo hacerlo “a su instancia y solicitud, con el doble objeto de continuar los distinguidos servicios que tiene hechos a la patria y el de lograr la reparación de su quebrantada salud en aquel delicioso temperamento”.

 

El plan continental de liberación

Llevaba San Martín dos meses en el gobierno de Cuyo -asumido por él en septiembre de 1814- cuando sucumbió el régimen independentista de Chile a manos de las tropas represoras enviadas por el virrey del Perú. Esto determinó que el Libertador replantease su plan de acción militar, lo que lo llevó a optar entre dos alternativas: un plan defensivo en previsión de que las tropas del virrey del Perú atacasen a Cuyo atravesando la cordillera de los Andes o formar un ejército para cruzar esas montañas a fin de liberar Chile y, conseguido esto, hacer otro tanto con el Perú. Se decidió por la segunda, o sea por una acción militar destinada a asegurar a los pueblos hispanoamericanos su segregación de la monarquía borbónica y su condición de estados soberanos.

El plan continental sanmartiniano fue aprobado por el Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata poco después de haber declarado estas su independencia el 9 de julio de 1816.

 

Cómo era San Martín

San Martín repartió su tiempo en ejercer el gobierno civil de Cuyo y en organizar el Ejército de los Andes, cuyo campo de instrucción estaba en El Plumerillo, cercano a la ciudad de Mendoza. De un lugar a otro se trasladaba montando un caballo negro, rabón, de trote largo. Su vestimenta era muy sencilla, usaba pantalón de punto de lana, azul, ajustado a la pierna, bota granadera, un largo sobretodo de paño del mismo color en invierno, casaca larga de igual tela en el verano, con botones de metal dorado, corbatín de seda o de cuero charolado, sombrero militar forrado en hule.

Su estatura era de 1,70 metros aproximadamente, pero impresionaba como tanto o más porque estaba siempre erguido, con presencia castrense. El rostro se mostraba moreno, ya por coloración natural de la piel, ya por la huella que en él había dejado el servicio prestado a campo abierto. Los prominentes ojos negros no permanecían nunca quietos y eran dueños de una mirada vivísima. Poseía una inteligencia poco común y sus conocimientos iban más allá de la estricta formación profesional.

De maneras tranquilas y modales que revelaban esmerada educación, según los momentos era dicharachero y familiar, severo y parco, optimista y dispensador de ánimo para quienes lo habían perdido o vacilaban. Nadie pudo ni podrá tacharlo de indiscreto, llegando en ocasiones a ser, por necesidad, casi críptico o disimulador sin mentira. Profundamente reservado y caluroso en sus afectos, de él dijo Bartolomé Mitre que era “observador sagaz y penetrante de los hombres, a los que hacía servir a sus designios según sus aptitudes”.

 

La liberación de Chile

Concluida la preparación del Ejército de los Andes, entre cuyos jefes se contaba el patriota chileno Bernardo O’Higgins, a mediados de enero de 1817 se inició el cruce de la cordillera, que parecía insalvable para una masa militar en campaña. Traspuestas las montañas, las tropas libertadoras vencieron en Chacabuco a un ejército realista el 12 de febrero, victoria que les dejó libre el camino a Santiago, la capital de la antigua Capitanía General o Reino de Chile.

Tres días después, se reunió en la mencionada ciudad una representación de hombres notables, la cual designó a San Martín para que fuera el máximo magistrado político del país. Como declinó ese honor, entonces se escogió al brigadier O’Higgins, con el título de director supremo, para regir los destinos del país hermano. Al asumir el cargo, O` Higgins dirigió al pueblo una proclama en la que dejaba constancia de que “los hijos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de esa nación que ha proclamado su independencia como fruto precioso de su constancia y patriotismo, acaban de recuperaros la libertad”.

Con el triunfo de Chacabuco, el Cabildo de Santiago obsequió al general San Martín la suma de diez mil pesos. El héroe rechazó el regalo y a la vez solicitó al ayuntamiento que lo destinara a fundar una biblioteca nacional, para que el pueblo –señaló en una nota- “se ilustre en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres”.

Las tropas realistas que aún permanecían en el sur de Chile fueron reforzadas desde el Perú e iniciaron un avance sobre Santiago. En la noche del 19 de marzo de 1818 lograron sorprender en Cancha Rayada al ejército unido de argentinos y chilenos, que se dispersó parcialmente. San Martín rehízo sus efectivos y el 5 de abril obtuvo un gran triunfo en la batalla de Maipú.

La victoria de Maipú tuvo enorme importancia, no sólo militar sino también política, por su gran repercusión en todo el  continente, llevando esperanza a los pueblos aún dominados y causando a la vez halagüeños augurios por sus derivaciones en la política europea.

 

Fuente: Instituto Nacional Sanmartiniano

 

En el próximo Eléctrum, más de San Martín

 

 

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