EDITORIAL

Ahora, otra vez vienen por los trabajadores

 

Coherentes con la promesa de campaña los diputados y senadores en el Congreso Nacional pertenecientes a la agrupación Juntos por el Cambio, cualquiera sea la denominación que adoptaran según las jurisdicciones para las recientes elecciones PASO, presentaron en ambas cámaras proyectos de ley, aunque con distinto tratamiento, con el mismo objetivo: pulverizar el derecho de los trabajadores a la protección contra el despido arbitrario.

El proyecto ingresado en Diputados con la firma del diputado Héctor Antonio Stefani, acompañado por siete diputados más de la misma coalición política, legisla sobre un Seguro deGarantía de Indemnización (SIG) que operará ante eventuales despidos (con causa o sin ella) o cese de actividades y será equivalente a tantos meses de remuneración como años de antigüedad registre el trabajador. Dicho seguro se constituirá con contribuciones patronales y aportes de los trabajadores que se calcularán dentro de los conceptos ya vigentes.

El otro proyecto, ingresado en el Senado y que responde a la autoría de Martín Lousteau, pretende la creación de Fondo Nacional de Cese Laboral que reemplace todas las indemnizaciones de la ley de Contrato de Trabajo, de las trabajadoras de casas particulares (ley 26.844), de los trabajadores agrarios (ley 26.727),de los trabajadores comprendidos en el Estatuto del Periodista Profesional (ley 12.908) y el régimen para los viajantes de comercio (ley 14.546). Emulando el sistema vigente para los trabajadores de la construcción, este fondo se constituirá con aportes patronales y reemplazará además la liquidación final ante cada cese.

En ambos casos el administrador de dichos mecanismos será el Estado, quien a su vez asume la obligación de garante de esos fondos y el sostenimiento de la actualización de los mismos debiendo incluso, en el segundo de los proyectos aludidos, abonar aun a pesar de faltantes en los aportes que no haya realizado el empleador debiendo con posterioridad repetir de éste.

Los fundamentos, en ambos casos, están dirigidos a bajar el costo laboral para promover el empleo.

Ambas iniciativas son de una liviandad sólo sostenible por la mendacidad e inhumanidad que proponen.

La historia avala lo que planteamos.

 

Un poco de memoria

Hasta 1983 en que los argentinos recuperamos el sistema democrático para la elección de los gobiernos nacional, provinciales y municipales, la historia nacional estuvo signada por la presencia de gobiernos electos por la voluntad popular e interrupciones del orden constitucional por vía de golpes de Estado cívico-militares.

En cada uno de estos procesos de interrupción de los mandatos populares, entre las primeras medidas de los gobiernos dictatoriales, estuvo siempre en agenda modificar regresivamente la legislación laboral y, en muchos casos, la prohibición lisa y llana de la actividad sindical.

Es decir, desde larga data los sectores minoritarios y antinacionales que hegemonizaban y hegemonizan el poder real en el país, siempre han tenido entre sus miras reducir el costo laboral y limitar la actividad sindical.

Recuperada la democracia, con la debilidad instalada a partir de la ruptura y extranjerización de nuestra estructura económica impulsada por Martínez de Hoz aupado en la mayor represión que registre nuestra historia, hicieron su aparición en el escenario nacional nuevas realidades como las sucesivas hiperinflaciones que terminaron subordinando las expresiones electas por el pueblo y con ello una sostenida disminución de las condiciones de vida en general y de los trabajadores en particular.

En los años ‘90 los sectores concentrados de la economía volvieron a la carga con el costo laboral, sólo que ahora ya no mediante el recurso del golpe de Estado tradicional sino a partir de gobiernos que, aunque electos por la voluntad popular,no tardaron en sintonizar para explicar sus evidentes fracasos que la culpa estaba, para explicar la creciente desocupación, en el consabido costo laboral argentino.

En ese tiempo hizo su aparición la denominación eufemística de este embate como “flexibilización laboral”. Así aparecieron los “contratos laborales basura” que impulso la legislación menemista y la administración delaruista, todos fundados en la misma consigna: bajar el costo laboral.

Lo único que se instaló fue una precarización cada vez más extendida y profunda entre los trabajadores y la desocupación se adueñó de la situación de los sectores populares. La aparición de los movimientos sociales fue el emergente político de resistencia de esa época.

La embestida contra los sindicatos se morigeró porque a esa altura la desocupación actuaba como un moderador de los reclamos sectoriales, porque ante cada movida sobrevolaba con su destino de miedo e impotencia.

El gobierno popular nacido en el año 2003 merced a una fuerte impronta nacional y social, logró recuperar el empleo tras muchos años de crecimiento económico facilitado por la coyuntura internacional y la persistencia gubernamental de distribuir con claro sentido social.

La crisis mundial del año 2008, sumada a la derrota popular frente a la “125” con los aliados al sector agropecuario y exportador de materias primas, un proceso inflacionario persistente y la continuidad de nuestras anomalías económicas estructurales alrededor de nuestra balanza comercial, hacia el final del ciclo kirchnerista trajo aparejado un deterioro de las condiciones de vida de los sectores popularesque, en parte, explica la opción de la mayoría del pueblo argentino por una propuesta neoliberal que, como dato más sobresaliente, durante toda su campaña se limitó a prometer mejores condiciones de vida para la gente de la mano de consignas que nunca estuvieron realmente en su agenda de gobierno. En buen romance: mintieron sobre sus verdaderas intenciones y frustraron las expectativas de la mayoría.

Lo que en este breve repaso interesa, bástenos exponer como lo demuestra la historia reciente, que las condiciones de vida de los sectores populares y los trabajadores en particular se vieron duramente desmejoradas, con un incremento nunca antes visto de la pobreza y la indigencia. La desocupación volvió a crecer y como consecuencia del proceso inflacionario y los inalcanzables incrementos de los servicios básicos, hubo una pérdida del poder adquisitivo del salario que al final del mandato del gobierno anterior rondó el 20%.

Durante todo el Gobierno de Macri las condiciones de trabajo se flexibilizaron de hecho y no se reflejaron en un cambio en la legislación, primero porque el Movimiento Obrero organizado y los sectores populares se manifestaron rotundamente en contra y después porque si al desastre económico sumaban una iniciativa como la que hoy pretenden, no iban a soportar el enojo popular.

Como puede apreciarse en esta ajustada síntesis, para el poder hegemónico (oligárquico, monopólico, transnacional) y sus socios nativos, la minimización de los derechos laborales ha sido y sigue siendo un objetivo a concretar en el campo legislativo, porque no alcanza que se imponga en los hechos porque siempre habrá quien invoque la legislación vigente y eso no genera la tan mentada “seguridad jurídica” que tanto pregonan con carril de una sola mano: los intereses antipopulares.

 

Por qué esa persistencia

A esta altura cabe preguntarse: ¿por qué se han tomado y se toman tanto trabajo por el costo laboral si finalmente la mayoría de los trabajadores no ganamos lo suficiente?

Tanto trabajo, permítasenos acotar, que le costó incluso parte de su legitimidad a gobiernos electos por la voluntad popular, por caso, la dilapidación de tiempo y esfuerzo que costó el impulso del proyecto de la llamada “ley Mucci” y la sanción de la “ley Banelco”. La respuesta es, por compleja, simple: el reparto de la renta nacional.

Todo lo que los argentinos producimos al final se reparte igual que un pastel: si se corta una porción más grande para uno de los comensales queda menos para el resto.

Así es que, si los trabajadores se quedan con una parte importante de lo que se produce en forma de salario directo e indirecto (salud, educación, vivienda, esparcimiento, cultura), queda menos para el resto de los sectores. A ello debemos agregar desde el menemismo en adelante el creciente incremento de conciudadanos que se encuentran marginados del trabajo y para quienes sólo el Estado puede tejer lazos de contención y reinserción en el proceso productivo. Todo eso sale del mismo pastel y, por supuesto, los que sólo piensan en sus ganancias y condiciones de vida sólo asequible para un ínfimo porcentaje en el mundo, ello no es tolerable. Y como tienen el poder para construir más poder (los medios financieros y productivos y con ellos el poder mediático y la posibilidad de subordinar al resto, Poder Judicial incluido), no dudan en desatar lo que haya que desatar para lograrlo: golpes de Estado tradicionales o de nuevo cuño, intrigas, operaciones, golpes inflacionarios, corridas cambiarias, desabastecimiento, sobrefacturación, subfacturación, etc.

De ahí que la nueva avanzada neoliberal con los proyectos que comentamos, se inscriba -una vez más- en un nuevo intento en el camino descripto.

Ellos tienen en clarosus proyectos y objetivos. Quizáde esa persistencia debiéramos aprender los sectores populares tan afectos como somos de enredarnos en diferencias secundarias muy comúnmente pertenecientes a la agenda de aquellos con los que tenemos que lidiar para vivir mejor.

 

¿Qué hacer frente al panorama planteado?

Lo primero compañeros: memoria.

Lo segundo: organizarnos alrededor de las organizaciones populares para resistir, proyectar y avanzar en recuperar lo que corresponde genuinamente a nuestro pueblo: la soberanía sobre su patrimonio, el fruto de su trabajo y el respeto por condiciones dignas de vida y de trabajo para todos y todas.

No habrá destino para los trabajadores y los sectores populares, si los trabajadores y los sectores populares no luchamos por nuestro destino.

Mientras más tiempo demoremos en comprometernos en una construcción colectiva, más tiempo persistirá la derrota y mayor cantidad de argentinos sucumbirá a los cantos de sirena de quienes al amparo de la necesidad y la esperanza escuchan de “mérito”, “emprendedurismo”, “que cada quien se salva así mismo”, “que no trabaja el que no quiere”, “que hay un mundo que nos espera si estamos dispuestos a abrirnos al mundo sin condiciones”, “que la mirada de los pueblos que cuidan su hábitatatrasa”,etcétera, etc.

Si cada vez que hay un incendio corremos a encontrarnos con el fuego, difícilmente construyamos barreras de contención organizadamente para apagarlo entre todos.

Para ello debemos reconstruirnos alrededor de nuestros intereses más básicos para elaborar herramientas de mayorías que son incompatibles con el neoliberalismo que ya nos mostró su cara cuando gobernó recientemente y ahora nos vuelve a mostrar su rostro más descarnado: otra reforma laboral.

La derecha no repara en las necesidades del pueblo y ante la confusión popular que parece elegirla, va por más.

Tenemos la obligación histórica de no equivocarnos en nuestras luchas.

Resistir, combatir con todas nuestras energías estas viejas/nuevas propuestas es nuestro desafío y no podemos dudar en quitarle todo tipo de posibilidad de legitimidad en las urnas y en la calle.

 

Gabriel Suárez

Secretario General

Rodríguez Larreta (PRO) a favor de la eliminación de la indemnización por despido

 

Proyecto de creación del Fondo Nacional de Cese Laboral impulsado por el macrismo