CORTE SUPREMA

Análisis del Dr. Miguel Julio Rodríguez Villafañe

 

 El nuevo presidente de la Corte Suprema y posibles efectos de su crisis interna

 

“Tenemos una Corte sin autoridad moral, por eso es necesaria una drástica reforma, no puede ser que la voluntad o el humor de pocos jueces tenga en vilo al país”

 

El 23 de septiembre, la noticia del día fue la polémica elección del nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti, en medio de una crisis interna por el manejo del poder. La ausencia de Ricardo Lorenzetti (uno de los dos jueces que no participó de la elección) y sus posteriores manifestaciones, avivaron la interna al cuestionar el acuerdo extraordinario para designar al nuevo presidente. “Es irregular y repite vicios moral y jurídicamente descalificados de la Corte de los años 90” (como el autovoto de Rosatti).

Una Corte de cinco miembros es pequeña para tanta concentración de poder, por eso cada enfrentamiento puede terminar en una hecatombe que perjudique a la república. Hoy las diferencias entre Lorenzetti y Rosatti –designado ministro del máximo tribunal durante la presidencia de Macri, al igual que Rosenkrantz-, genera una onda expansiva.

El Dr. Miguel Julio Rodríguez Villafañe (abogado constitucionalista, exjuez federal y columnista todas las semanas del Eléctrum) analizó en el programa Nada del otro mundo de la FM 102.3 de los SRT, el nombramiento de nuevo presidente de la Corte Suprema y el impacto que podría traer consigo esta crisis:

 

– ¿Cuál es la función específica que desarrolla y por qué es importante el perfil que tenga?

– Más allá de lo protocolar, el presidente de la Corte Suprema es quien dispone la distribución de las causas a los ministros del Cuerpo para que se estudien y se hagan los anteproyectos, y además es el que determina los expedientes que se llevarán al acuerdo. El acuerdo es la instancia donde se reúnen para resolver las causas. Entonces es una función fundamental porque es una suerte de semáforos que habilita si una causa va a ser tratada o no, o si se agiliza o no. Esto lo he visto en otros tiempos y uno no se podía explicar el porqué se le daba tratamiento urgente a determinados temas y a otras directamente se los difería.

 

– Me interesa que usted refleje el rol del presidente de la Corte Suprema de Justicia, porque me parece ahí cómo opera la importancia de su función dado que hay muchas causas vinculadas a la política.

– Por supuesto, pero también no podemos perder de vista que el presidente de la Corte Suprema de la Nación está en la línea de sucesión presidencial en el caso de acefalia presidencial, o sea, la ley de Acefalia establece que “por falta de presidente y vicepresidente de la nación, el Poder Ejecutivo será desempeñado transitoriamente en primer lugar por el presidente provisorio del Senado, en segundo lugar por el presidente de la Cámara de Diputados y a falta de éstos, por el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, hasta tanto el Congreso reunido en Asamblea, haga la designación según lo estipulado por la Constitución Nacional”. Además, es el que preside el juicio político contra el presidente o el vicepresidente ante el Senado. Es decir, su función no es menor, no es meramente protocolar, por eso en primer lugar debe honrar la imagen institucional, pero sucede, para lamento de todos, que el Poder Judicial está totalmente desprestigiado, tenemos una Corte sin autoridad moral. El Poder Judicial se basa en la autoridad moral porque es el que decide que vale o no constitucionalmente; los cinco jueces que hoy tiene la Corte Suprema están desprestigiados, ahora con el agravante de los antecedentes que preceden al presidente y el vicepresidente de la Corte, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. No nos quedemos simplemente con que era inadmisible que pudieran asumir por decreto de Macri (mucho después salió la resolución del Senado), no podemos aceptar que funcionarios que se supone van a hacer respetar la Constitución, de movida estaban aceptando una medida inconstitucional. Para agravar aún más todo esto, y de ninguna manera se puede desviar la mirada, Rosenkrantz tiene vinculación con Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, quien era clave en la “mesa judicial macrista” para perseguir opositores políticos, sindicalistas, empresarios y jueces. Hoy está en Uruguay prófugo de la Justicia. De hecho, el propio nuevo vicepresidente de la Corte reconoció ante Servini de Cubría una amistad de 40 años y que tenia 59 llamadas con “Pepín” Rodríguez Simón y 17 llamadas con el designado nuevo presidente de la CSJN Rosatti. A su vez, Rosenkrantz admitió tener amistad con Mario Quintana, exvicejefe de Gabinete de Macri.

Rosatti y Rosenkrantz le deben el cargo a Rodríguez Simón que fue quien le llevó la idea a Macri para integrarlos a la Corte. Por otro lado, Rosenkrantz fue clave en la estrategia judicial representando al Grupo Clarín frente a la discusión por la validez de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y puedo dar fe de ello, porque tuve el privilegio de representar ante la Corte Suprema a 13 mil cooperativas de radio y entidades sin fines de lucro como amicus curiae (tercero ajeno que interviene en favor del interés público).

Volviendo a “Pepín”, que está prófugo en Uruguay y no quiere venir a responder ante la Justicia, fue clave en el manejo de cosas gravísimas para la institucionalidad como la “mesa judicial macrista”, resulta que tiene un vínculo directo con los actuales presidente y vice de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y si a eso le sumamos el descrédito del Cuerpo, incluso de su otros miembros porque Highton de Nolasco no debería seguir en el cargo por su edad, tendría que haberse jubilado al cumplir 75 años como marca la Constitución, pero todavía está por un fallo de una jueza de primera instancia no apelado en su momento por Macri.

Estas cosas profundizan la gravedad de lo que vengo exponiendo y debilitan al sistema en un momento donde tiene que existir un pacto de gobernabilidad. Hay sectores de la oposición que hablan de reconstruir la república y no se puede designar al procurador general de la nación a raíz de las trabas que han puesto. Fíjese lo grave que es que no se pueda llegar a un acuerdo, el procurador es el fiscal que actúa ante la Corte Suprema y es central su designación para un Poder Judicial que no está funcionando. Y doy el siguiente ejemplo: Elisa Carrió dijo, muy suelta de cuerpo, que Aníbal Fernández no podía asumir porque “está ligado a la muerte de Nisman”. Ante semejante acusación el fiscal de la causa inmediatamente debería haberla convocado para que diera explicaciones, cómo puede ser que, en una causa de esta envergadura, diga esto tan suelta de cuerpo y el Poder Judicial no reaccione ni el procurador le pida elementos que prueben sus afirmaciones. Entonces, estamos viviendo una mentira tras otra, con una Corte sin autoridad moral. Es por eso que coincido en la necesidad de una drástica reforma de la Corte Suprema, si no va a pasar que la voluntad de tres jueces puede hacer explotar al país en causas que podrían tener un efecto tremendo, eso es de extrema gravedad.

 

– La forma en que los miembros de la Corte eligieron a Rosatti, hacia afuera del círculo judicial, aparece como un papelón. Habría que ver cuál es la lectura dentro del Poder Judicial.

– Sí, es de una considerable gravedad institucional, porque no puede ser el pretexto que pone uno y pone el otro teniendo en cuenta que la decisión de elegir al presidente de la Corte Suprema es de tal envergadura por la función que va a tener por los próximos tres años. Puede llegar a ser el presidente del país. Esta era una obligación de todos los ministros de la Corte, que uno vote en blanco, que otro se abstenga, bueno, es parte de las reglas del juego, pero no participar de la elección del presidente del Cuerpo es un desprecio institucional, hasta es cuestionable la decisión de Rosatti y de Rosankratz de votarse a sí mismos como presidente y vicepresidente, respectivamente, que por una cuestión de decoro podrían haberse abstenido y que sus pares los eligieran.

No puede ser que la voluntad o el humor de cinco juristas desprestigiados, puedan tener en vilo al país, a la vez que hablan de llevar adelante una república, una democracia, están trabando la posibilidad de reestructurar una institución básica de la democracia. Hago foco en detalles que no son menores, por un lado los jueces de la Corte Suprema tendrían que pagar Ganancias, pero por esta obligación legal la tienen parada por una simple acordada, por otro, siguen administrando el presupuesto del Poder Judicial, sin embargo la Constitución Nacional en su artículo 114 señala que será atribución del Consejo de la Magistratura,”administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne a la administración de justicia”. Es decir que los integrantes de la Corte proceden por encima de lo que manda nuestra Carta Magna. Es más, la Corte Suprema cuenta con un fondo anticíclico que en este momento alcanza una suma sideral (30 mil millones de pesos) que la tienen con una lógica propia, en un contexto donde el país necesitaría esa reserva, pero la Corte se maneja como si el Poder Judicial fuera en un barco aparte al que estamos el resto de los argentinos.

Por eso llamo a una reflexión profunda. Esto es más que un desplante protocolar, es manchar más la imagen de la Justicia. Se habla de abrirnos al mundo, pero qué mundo puede confiar en un país que, en última instancia, quienes deciden sobre aspectos esenciales de la vida democrática son tres voluntades con criterios inentendibles como por ejemplo cuando votaron el fallo del 2×1 que benefició a quienes estaban cumpliendo condena por delitos de lesa humanidad. Entonces el accionar de esta Corte sin autoridad moral puede dictar fallos determinantes para el futuro del país, en una Argentina que clama porque la Justicia funcione como corresponde. Un estado de derecho se basa en que los jueces que administran la libertad y los bienes de las personas, tengan autoridad moral y actúen de acuerdo a la ley, en consecuencia, de lo contrario la situación sobre todo para los más débiles va a ser cada vez más crítica.

 

 

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