LOS TRABAJADORES ENTRABAN EN LA HISTORIA

UN 17 DE OCTUBRE DE 1945


LOS TRABAJADORES

ENTRABAN  EN LA HISTORIA

“Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe (…) Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba (…) Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros (…) Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí, presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo” (Raúl Scalabrini Ortiz, testigo del 17 de Octubre y pensador argentino, en: Tierra sin nada, Tierra de Profetas, Buenos Aires, 1973)

El 17 de Octubre de 1945 amanece con miles de trabajadores que se movilizaban  hacia plaza de Mayo,  venían desde los talleres y las fábricas, desde los comercios y las oficinas,  venían desde la Argentina desconocida todavía por muchos,  habían estado ahí siempre, pero eran los invisibles, los olvidados, venían pacíficos pero arrolladores a decir acá estamos, presentes para defender  nuestros derechos, venían a pedir “queremos a Perón”, y es por esto que la fecha forma parte del calendario Peronista, pero es mucho más que eso. Una reflexión, a 70 años de uno de esos hechos que se dan cada tanto en la historia, sobre porqué el 17 de Octubre es también una fecha clave y emblemática para el conjunto de los trabajadores argentinos.

El viejo y el nuevo pueblo

Perón solía decir, contrario a lo que muchas veces se ha afirmado,  que  en realidad las trasformaciones impulsadas por su obra de gobierno, desde sus inicios en 1943 en  la Secretaría de Trabajo y luego ya en la Presidencia desde 1946,  no implicaron el nacimiento de un pueblo y una patria nueva, sino un renacimiento y  una visibilización.  Con el surgimiento del peronismo se  colocaba  en el centro de la escena nacional a grandes masas  populares que si bien siempre habían estado ahí, eran invisibles y sufrían una endémica postergación. Con el Justicialismo, decía Perón, renace la Patria Vieja, ignorada  y violentada por los poderes económicos  concentrados, la oligarquía, como se llamaba a esos sectores en la jerga de la época. Esa Patria Vieja era la que retumbaba  desde allá lejos en los gauchos de Güemes, en el pueblo del éxodo jujeño, en los héroes y heroínas  del ejército de los Andes y de la vuelta de Obligado, en las montoneras federales de Quiroga, Bustos y tantos otros, en la Revolución del Parque que dio nacimiento al radicalismo, en los miles de trabajadores que venían luchando desde hacía muchos años sin ser escuchados, que fueron reprimidos, expulsados, asesinados. Esa Patria vieja,  que la Argentina liberal nacida desde mediados del S. XIX quiso derrotar en nombre del progreso y la modernidad, era la que renacía.  No venían de la nada, eran los peones de campo nacidos de los gauchos, los mestizos, los indios,  los mulatos y negros, eran también los miles y miles de inmigrantes pobres que venían desde Europa escapándole al hambre y con sus ideas anarquistas, socialistas y comunistas bajo el brazo, eran todos ellos recuperando años de lucha  por  mayor Justicia y dignidad.

Lealtad a nuestra conciencia de clase

Los trabajadores que se manifestaron en masa el 17 de octubre de 1945,  cuando Perón fue encarcelado y trasladado a la Isla Martín García  por los representantes de la oligarquía que veían en Perón una amenaza a sus privilegios, pedían la liberación de Perón,  sí, pero no por puro personalismo sino por conciencia de clase, en Perón se veían representadas todas esas luchas  de años,  no porque sí, no por algunas medidas demagógicas o por ser un líder carismático. No, los trabajadores se identificaron con él por ser el primero que dio respuestas concretas a sus demandas.

Pero no sólo eso,  con el peronismo se inaugura también una nueva concepción, donde los trabajadores fueron llamados a ser columna vertebral de la patria, a ser protagonistas de todas las aristas de la vida económica, social, cultural y política.    Si hacemos un repaso por las medidas más importantes tomadas desde la Secretaría de Trabajo por Juan Domingo Perón, desde su creación a fines de 1943  hasta octubre de 1945, salta a simple vista la desprotección en la que vivía la gran mayoría del pueblo argentino, así como también por qué  la encarnizada resistencia que opuso la oligarquía a Perón. En menos de dos años los trabajadores lograban lo que no habían logrado en décadas de lucha, cumpliéndose gran parte del programa histórico del Movimiento Obrero: se crean los tribunales de trabajo, se extiende la  indemnización por despido a todos los trabajadores, y el beneficio de la jubilación a más de dos millones de personas, se sanciona el Estatuto del Peón de Campo y el Estatuto del Periodista, se crea el Hospital Policlínico para trabajadores ferroviarios, se prohíben las agencias privadas de colocaciones, se crean las escuelas técnicas dirigidas a obreros. Sólo en 1944, cuando nuestro sindicato, siendo protagonista  de todas estas transformaciones logra su fundación un 5 de febrero,  se firmaron 123 convenios colectivos que alcanzaban a casi 1 millón y medio de trabajadores y en 1945  se firman otros 347, beneficiando a más 2 millones de obreros.

La manifestación del 17 de Octubre pidiendo la liberación de Perón fue contundente, tan postergada estaba la Argentina trabajadora,  y tan  poderosa fue su salida del anonimato ese 17 de octubre, que sorprendió incluso más a propios que extraños. Se defendía a Perón, pero fundamentalmente se demostraba lealtad a la clase trabajadora, a la lucha de tantos años, lealtad y coherencia que  ha costado muchísimo sostener, lealtad que ha costado la vida de muchísimos compañeros y compañeras. Como trabajadores y como lucifuercistas, podemos decir que estamos orgullosos de haber sido leales a nuestra historia, defendiendo siempre los derechos de  nuestros compañeros.

A continuación, compartimos el testimonio  de Sebastián Borro, un obrero metalúrgico de Constitución, que fue protagonista de aquel día y  que da cuenta del hecho histórico significó el 17 de Octubre para todos  los trabajadores:

“Recuerdo que era una tarde muy calurosa y la gente se descalzaba y ponía los pies en las fuentes, muchos por haber caminado tanto. Concretamente lo que yo presencié era la gente que venía del sur. Berisso, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora. A medida que crecía la cantidad, en la Plaza de Mayo aparecían los carteles. Por primera vez yo observaba algo igual: nunca había visto una asamblea tan extraordinaria. Cuando el coronel Perón apareció en los balcones sentí temblar a la Plaza. Fue un griterío extraordinario que nos emocionó de tal manera. Todo parecía venirse abajo. (…)

Mucha gente gritaba por Perón –quizá por primera vez- sin tener todavía conciencia clara de su actividad. Porque, además, la gran prensa trataba de desvirtuar la figura de Perón. La gente se enteraba a través de los delegados o los activistas pero no por la prensa, que casi en su totalidad estaba en contra. Aunque él había hablado en distintas oportunidades desde la Secretaría de Trabajo y se había hecho carne que era un auténtico defensor de los derechos del trabajador.

Nos causó mucho dolor saber que lo habían detenido pero –en lo que respecta a mí y a un grupo de compañeros- sinceramente nos considerábamos impotentes, porque recién estábamos despertando, después de muchos años, en el país. Para otros –quizá- con anterioridad, pero a partir de ese 17 de octubre despierta la conciencia para nosotros. Se hace carne que al pueblo tiene que respetársele como tal, cosa que Perón proclamaba diariamente. De ahí que, si bien nos sentíamos impotentes, podíamos hacer algo: sacar a Perón de las garras de la oligarquía y colocarlo en el lugar que correspondía para que sea permanente una auténtica justicia. Es decir, ese idealismo que teníamos nunca lo habíamos vivido en el país. No creí que iba a haber tanta gente en la Plaza; lo que sí pensaba era que el agradecimiento del pueblo a Perón tenía que ser auténtico. Pero yo no conocía la reacción de la gente, hasta que la viví”. (Publicado en La Opinión Cultural el 15 de octubre de 1972)