EL 1° DE MAYO CONMEMORAMOS EL DÍA DEL TRABAJADOR

El 1° de mayo se conmemora el Día Internacional del Trabajador en memoria de los “mártires de Chicago” que participaron de la gran huelga del 1° de mayo de 1886 por la jornada laboral de 8 horas y que luego fueron ejecutados en la horca por su lucha. Han transcurrido 130 años y poco se sabe o se recuerda sobre aquella gloriosa resistencia y lucha de la clase obrera. La estrategia globalizadora del neoliberalismo ha vaciado también de contenido y significación del Primero de Mayo, que en la mayor parte del mundo es solamente un día feriado no laborable y festivo. Lamentablemente, cada vez son menos los que conocen lo que representa esta fecha, porque no es un día de fiesta sino de conmemoración de quienes lucharon para las conquistas laborales de hoy. Recordar nos permitirá valorar más los derechos que tenemos y que costó tantas vidas.

Reivindicación de la Jornada Laboral de 8 horas

En Chicago, la miseria y la explotación era el común denominador entre la clase trabajadora. Muchos no veían a sus esposas e hijos por las extensísimas jornadas de trabajo caracterizadas por las pésimas condiciones y los magros salarios.

Entre las principales reivindicaciones de los trabajadores estaba la jornada de 8 horas, en una época en que lo normal era trabajar por lo menos 14 horas por día. Uno de los objetivos primarios era hacer valer el reclamo por ocho horas para el trabajo, ocho horas para descansar y ocho horas para la casa. En 1829 se conformó un movimiento para solicitar a la Legislatura de Nueva York la jornada de 8 horas. Los obreros en su mayoría estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo y a la Federación Estadounidense del Trabajo, de tendencia anarquista en sus orígenes.

El 25 de junio de 1886, el presidente de EE.UU. Andrew Johnson promulgó la llamada ley Ingersoll, fijando la jornada de 8 horas. Poco después, diecinueve estados sancionaron leyes con jornadas máximas de ocho y diez horas, aunque siempre con cláusulas que permitían aumentarlas a 14 ó 18 hs. Aun así, debido a la falta de cumplimiento de la ley Ingersoll, los dos sindicatos más grandes, la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo y la Federación Estadounidense del Trabajo, se movilizaron y dieron a las patronales como plazo el 1° de mayo de 1886 para que cumplieran con la jornada de 8 horas.

La huelga del 1° de mayo

El 1° de mayo de 1886, ante la falta de respuesta al reclamo por la jornada legal de ocho horas, 200 mil trabajadores de Chicago iniciaron una huelga que duró tres sangrientos días. La jornada del 2 de mayo fue violenta; más de 50 mil manifestantes se enfrentaron con la policía y el día 3, durante una concentración frente a la fábrica de tractores McCormick, se enfrentaron con los rompehuelgas. La policía, sin ningún aviso, disparó a quemarropa sobre los trabajadores dejando muertos y decenas de heridos.

El periodista Adolf Fischer, del Chicago Arbeiter Zeitung, diario de línea anarquista escrito en alemán, corrió a la redacción para elaborar una proclama (que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que lo llevó a la horca) imprimiendo 25 mil ejemplares. La proclama decía:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. Es preferible la muerte que la miseria. Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís! ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!

La proclama terminaba convocando a un acto para el 4 de mayo a las 16 horas en la plaza Haymarket.

Masacre en la Plaza Haymarket

Ese 4 de mayo los trabajadores se concentraron masivamente en la plaza de Haymarket, pero fueron reprimidos cruelmente por más de un centenar de uniformados. Nada que nos conozcamos. Una bomba estalló matando a un policía y fue entonces que las fuerzas policiales abrieron fuego, asesinando e hiriendo a numerosos obreros y dirigentes sindicales. El 4 de mayo culminó con el decreto de estado de sitio y toque de queda, siendo detenidos cientos de trabajadores que terminaron despedidos, golpeados y torturados. La represión fue apoyada por una campaña de prensa: ¡A la horca los brutos asesinos, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación con doctrinas sediciosas y peligrosas!

El 21 de junio de 1886 se enjuició a ocho trabajadores anarquistas de los 31 acusados. Las irregularidades fueron muchas, violándose todas las normas procesales en su forma y fondo. Todos fueron declarados culpables: tres de ellos condenados a prisión, cinco condenados a la horca el 11 de noviembre de 1887, pero uno se suicidó antes de la ejecución.

En 1889, en homenaje a esos luchadores conocidos como los mártires de Chicago y en reconocimiento a la pelea por la jornada de 8 horas, se instituyó el 1° de mayo como Día del Trabajador en el Congreso Obrero de la Segunda Internacional Socialista.

El Día del Trabajador en nuestro país

El primer acto del Día del Trabajador se concretó el 1° de mayo de 1890 en el Prado Español de Buenos Aires -curiosamente situado en lo que hoy es el oligárquico barrio de Recoleta- y contó con la participación de dos mil obreros, numerosos para la época.

En 1909 la policía asaltó un mitin anarquista donde se conmemoraba el Día del Trabajador en plaza Lorea, causando catorce muertos y ochenta heridos. “Ancianos, hombres inermes, madres con sus hijos en brazos han sido fusilados por la espalda cuando para salvarse se alejaban”, decía un manifiesto. “¡Viva la huelga general! ¡Fuera el jefe de la policía, el verdugo de Falcón!” El dolor obrero unió a socialistas y anarquistas y el 3 de mayo la actividad laboral se paralizó completamente. Durante el entierro de las víctimas se produjeron nuevos enfrentamientos con la policía, se levantaron barricadas y los tiroteos duraron toda la noche. Por ocho días se detuvo en absoluto la vida industrial y comercial de Buenos Aires, siendo uno de los conflictos más duraderos y una muestra de conciencia de clase del movimiento obrero argentino, que se conoció como la huelga general de la semana de mayo.

A partir de la primera presidencia de Juan Domingo Perón, el Día del Trabajador alcanzaría una notoria relevancia, organizándose celebraciones multitudinarias en todo el país. Con los logros conquistados por el peronismo, el 1º de mayo se convirtió en un día emblemático; entre las diversas manifestaciones se destaca la masiva convocatoria obrera a Plaza de Mayo para escuchar desde temprano el discurso del presidente Perón.

Nuestra conciencia de clase

Los obreros de todo el mundo eligieron el 1º de mayo como jornada de lucha, de recuerdo de aquellos compañeros caídos, de ratificación de su condición de ciudadanos libres, con plenos derechos. Porque fue también en mayo, más precisamente un 29 del año 1969, cuando la clase trabajadora de Córdoba se puso de pie para defender conquistas que la dictadura de Onganía quería eliminar. Ese fue el Cordobazo que, por su fuerza, hizo caer al poco tiempo el gobierno de ese general que se quería eternizar en el poder. En nuestro país, cada Primero de Mayo los trabajadores tomamos las calles desafiando al poder económico, recordándole que existimos y que no dejamos de ser en ningún momento una parte del engranaje productivo del país. Esas luchas lograron la reducción de la jornada laboral, las leyes sociales que terminaron con la explotación y que dignificaron al trabajador. Por esa legislación, el poder económico del país se sintió afectado y en cada contraofensiva o golpe de estado cívico-militar como en 1955; 1962; 1966 y 1976, pretendieron, y en ocasiones lo lograron, arrasar con los históricos logros del movimiento obrero argentino que, si bien afianzó o transformó en leyes muchos derechos que se reclamaban desde los primeros días del siglo 20, nunca bajó los brazos en busca de una mejor condición de trabajo. También nos tocaron vivir días de persecuciones salvajes, secuestros, torturas y desapariciones, durante los gobiernos golpistas. Sufrimos las amenazas de despidos y los despidos propiamente dichos. Nos impusieron rebajas salariales y emergencias, tanto a los trabajadores activos como a los pasivos. De la misma manera nos castigaron con la precarización laboral que pasó a ser el arma del poder económico para mantener y aumentar su tasa de ganancia a costa de nuestro sudor, el sudor de los trabajadores.

En los años 90 se impuso la globalización que arrasaría con miles de puestos de trabajo y que intentó privatizar nuestra EPEC, pero la lucha del gremio en su conjunto no lo permitió. Mientras se seguían enarbolando las banderas del neoliberalismo, debimos soportar la crisis de 2001 y 2002. Después de ese duro golpe que soportamos los trabajadores y la sociedad toda, se abrió un nuevo espacio en el que volvimos a sentir que todas las conquistas que nos arrebataron y toda la pérdida que sufrió nuestro salario, poco a poco se fue recuperando. A partir de 2003 se nos devolvió a los trabajadores la posibilidad de discutir los aumentos salariales con nuestras patronales en paritarias, mejores condiciones de labor, las modificaciones a nuestros convenios colectivos de trabajo. Muchos compañeros dejaron de militar en las tristes filas de la desocupación y el nivel de empleo fue creciendo año tras año, alcanzando valores históricos, de la mano de una acentuada política de apoyo y mejoramiento del aparato productivo del país. Así también fueron mejorando los salarios, tanto en los sectores de producción como de servicios, a pesar de los malos augurios de aquellos que tiempo atrás eran abanderados del neoliberalismo. Paralelamente, lo mismo ocurrió con los haberes de los compañeros jubilados. Recuperamos muchas cosas, pero eso no quita que sigamos luchando por mejorar otras o por conquistar algunas nuevas, con nuestros representantes, desde los sindicatos y con la participación de todos los compañeros trabajadores. Es que no podemos permitir que siga habiendo en la Argentina de nuestros días trabajadores esclavos, sin derechos pero con muchas obligaciones.

Por eso, y en este Primero de Mayo, los trabajadores debemos denunciar y pelear contra estas prácticas apoyándonos en nuestras organizaciones sindicales y Federaciones. Los lucifuercistas de Córdoba tenemos bastante experiencia, aunque no debemos olvidar la clase a la que pertenecemos y defenderla siempre en unidad. No hay otra forma, no hay otro camino.  Por eso mañana 29 de abril estaremos en la movilización de Buenos Aires convocados por los cinco sectores del movi8miento obrero en el orden nacional.

Los trabajadores somos la pieza fundamental del desarrollo social. Nuestra actividad es vital para el funcionamiento de la sociedad y el crecimiento de nuestra Provincia, por eso cumplimos una tarea que no siempre es reconocida, en la que muchas veces redoblamos los esfuerzos para que la energía eléctrica llegue sin carencias a todos los rincones de Córdoba, incluso trabajando a destajo jornadas extensas para restablecer el servicio lo antes posible, cuando la situación así lo requiere. Pero también somos los trabajadores organizados, agremiados, la garantía de sostenimiento de los derechos por los que abogaron y pelearon los mártires de Chicago; por la fuente de trabajo, el salario, el Convenio Colectivo y en nuestro caso particular, por una empresa estatal e integrada con la participación activa de los trabajadores en las decisiones que se toman a nivel empresarial.