SECRETARIA DE PRENSA

“Cuando elegí ser “Evita” sé que elegí el camino de mi pueblo. Ahora, a cuatro años de aquella elección, me resulta fácil demostrar que efectivamente fue así. Nadie sino el pueblo me llama “Evita”. Solamente aprendieron a llamarme así los “descamisados”. Los hombres de gobierno, los dirigentes políticos, los embajadores, los hombres de empresa, profesionales, intelectuales, etc., que me visitan suelen llamarme “Señora”; y algunos incluso me dicen pú­ blicamente “Excelentísima o Dignísima Señora” y aún, a veces, “Señora Presidenta”. Ellos no ven en mí más que a Eva Perón. Los descamisados, en cambio, no me conocen sino como “Evita”. Yo me les presenté así, por otra parte, el día que salí al encuentro de los humildes de mi tierra diciéndoles “que prefería ser “Evita” a ser la esposa del Presidente si ese “Evita” servía para mitigar algún dolor o enjugar una lágrima. (…) Ahora si me preguntasen qué prefiero, mi respuesta no tardaría en salir de mí: me gusta más mi nombre de pueblo. Cuando un pibe me nombra “Evita” me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra. Cuando un obrero me llama “Evita” me siento con gusto “compañera” de todos los hombres.” (Eva Perón, La Razón de mi Vida, 1951)

El próximo 26 de Julio se cumple un nuevo aniversario de la muerte de María Eva Duarte de Perón. Corría el 26 de Julio de 1952 y todo un pueblo lloraba a una mujer sin igual en la historia. Evita es el nombre con el que ese pueblo la bautizó. Evita es sin dudas la mujer más importante del último Siglo y la que ha quedado en el corazón del pueblo trabajador y humilde. Nacida el 7 de Mayo de 1919, la historia de Evita refleja la historia de miles de humildes que el peronismo vino a dignificar, a través de sus políticas de Justicia Social y reconocimiento de derechos. Una mujer que no hubiera tenido nunca cabida en la argentina oligárquica y liberal de las primeras décadas de la historia Argentina, donde la política y el Estado eran lugares reservados para los buenos apellidos y las buenas posiciones familiares. Quizá eso es lo que el poder no le perdona a Evita, que siendo una más, haya logrado tanta preeminencia e importancia, quedando en la historia y el corazón de miles de argentinos, por su trabajo incansable para dignificar a los humildes y a los trabajadores, tarea en la que cultivó un estrecho vínculo con los sindicatos. La historia de Evita siguió la ruta de numerosos jóvenes de la época, que emigraban de sus pueblos buscando suerte en la gran ciudad de Buenos Aires, ese fue el camino seguido por una joven Eva, que abandonó la Residencia familiar en Junín para construir su camino como artista y actriz, la primer gran vocación de su vida. Un hecho doloroso sucedido en 1944, el terremoto de San Juan, que destruyó la ciudad dejando miles de muertos y heridos, comenzó a tender el lazo entre la joven Eva y el entonces Coronel Juan D. Perón. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social se convoca a una campaña de asistencia y solidaridad, en la que participan muchos artistas, siendo Evita una de las que responde al llamado solidario. Así comienza la historia que junta las vidas de Evita y Perón y que cambia la vida del país. Porque el Peronismo, el Movimiento Político más influyente de la historia, es inconcebible sin Eva, así como no puede entenderse a Eva sin Perón. Ya desde las jornadas de lucha que desembocan en el 17 de Octubre el rol de Evita es fundamental, recorriendo personalmente fábricas, talleres, comercios, instando a los trabajadores, que veían en Perón una posibilidad cierta de dignificación, a salir a la calle a exigir la libertad de Perón, detenido en la Isla Martín García.

Evita y los Trabajadores

Hasta 1943, cuando se crea al mismo tiempo que el Departamento Nacional del Trabajo, la Dirección Nacional de Salud Pública y Asistencia Social, la cuestión social sufría la total indiferencia del Estado: de los pobres sin nada, se encargaban la Iglesia y las familias “bien” administraban la limosna a través de las sociedades de Beneficencia, y de los pobres no tan pobres, es decir la mayoría del pueblo trabajador, que se las arreglaran solos, después de todo, se les pagaba un salario. Que fueran sueldos bajísimos por extensas e insalubres horas de trabajo sin ningún derecho, no era una preocupación para los gobiernos elitistas de aquella época. La política social del peronismo, de la que Evita fue pilar fundamental, trabajó en ambos sentidos. Para los trabajadores, impulsó la sindicalización masiva, el derecho a jubilación, al aguinaldo, a vacaciones pagas, a estabilidad, todos derechos que hoy son indiscutidos. Pero si hay algo que fue realmente revolucionario fue la voluntad de escuchar a los trabajadores y pelear a la par de ellos por sus derechos, nunca antes en la historia Argentina un gobierno había luchado por los trabajadores. Evita tuvo un papel protagónico en este vínculo entre sindicatos, como representantes de los trabajadores, y el gobierno peronista, trabajando junto a ellos por lograr mayores conquistas y reivindicaciones y defendiendo sus intereses personalmente. Nuestra Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza y nuestro sindicato en Córdoba, tenían vínculo directo con Evita por aquellos años, quien se apersonaba en los Congresos e incluso se comunicaba personalmente con los dirigentes cuando hacía falta, como lo hacía con Cristóbal Sierra, cuando era nuestro Secretario General.

El Voto femenino

El derecho al voto de las mujeres argentinas, era un derecho negado como tantos otros en la Argentina pre peronista. Evita, a poco de asumir Perón en la Presidencia impulsa un proyecto de ley que habilitara a todas las mujeres Argentinas a votar. El proyecto duramente resistido por los sectores y partidos conservadores, fue aprobado el 9 de septiembre de 1947, quedando sancionada la Ley 10. Los trabajadores, por supuesto, impulsaron la ley. La CGT convocó a un gran acto de celebración en la plaza de Mayo en el que hablaron Eva, el exdirigente sindical y ministro del Interior Ángel Borlenghi y Perón. En su discurso, Evita le habla a la mujeres de la Patria: “Aquí está hermanas mías resumida en la letra apretada de pocos artículos una historia larga de luchas, tropiezos y esperanzas, por eso hay en ella crispaciones de indignación, sombras de aucasos amenazadores, pero también alegre despertar de auroras triunfales, y esto último que traduce la victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional, sólo ha sido posible en el ambiente de justicia, de recuperación y de saneamiento de la Patria, que estimula e inspira la obra de gobierno del general Perón, líder del pueblo argentino.”

La obra social de Eva Perón

La tarea de dignificación llevada adelante por Evita, tuvo uno de sus pilares en la Fundación Eva Perón, creada en 1948, que asistió a una gran porción de argentinos que no tenían el beneficio de un trabajo, los ancianos pobres sin jubilación, los niños y jóvenes hijos de desocupados, y sus padres desocupados. Su enorme obra de reparación fue desde muy temprano criticada ferozmente por los sectores acomodados de la Argentina, que se valieron en gran parte de campañas difamadoras divulgadas hasta el cansancio por los medios de comunicación y muchos círculos de biempensantes e intelectuales, que intentaron deformar el verdadero sentido de la obra social de Evita y del peronismo. Curiosamente, se criticaba la política social peronista, porque hacía “caridad”, cuando en realidad la obra social de Evita venía justamente a romper con casi un siglo de indigna caridad. En la Argentina pre peronista, que había ignorado y retrasado todas las leyes y acciones de gobierno tendientes a aminorar las enormes diferencias sociales, se había dejado en manos de la Beneficencia la atención de los humildes. La obra de la Fundación es enorme, los hogares de ancianos, los planes de viviendas, los hogares estudiantiles, la ciudad de los niños, el fomento al deporte con los Campeonatos “Evita”, la construcción de escuelas, hospitales, ciudades universitarias, las pensiones a la vejez e invalidez, los regalos navideños para innumerables niños y niñas, cuyos primeros juguetes muchas veces vinieron de la mano solidaria de Evita. Ella misma explica con enorme claridad, la diferencia entre la beneficencia que practicaba la oligarquía y la política social del peronismo: “La felicidad de un pueblo, en cuanto se refiere a sus medios de vida, se logra con una adecuada legislación en materia de justicia social y una equitativa distribución de la ayuda social. (…) La limosna, dada para satisfacción de quien la otorga, deprime y aletarga. La ayuda social, honestamente practicada, tiene virtudes curativas. La limosna prolonga la enfermedad. La ayuda social está destinada a mitigar necesidades y restituir a la sociedad, como elementos aptos, a los descendientes de los desamparados.” Esta profunda solidaridad con los más necesitados, junto a su compromiso inquebrantable con los trabajadores hacen de Evita una de las personalidades más amadas de la historia por los trabajadores y los humildes. Evita ha sido, desde su muerte a sus jóvenes 33 años, un símbolo permanente de lucha, de amor, de solidaridad y de Justicia Social.