MOVIMIENTO OBRERO NACIONAL

Juan Carlos Schmid: “Los indicadores económicos no dan ninguna tranquilidad”

Compañeros y compañeras. Estamos frente a un hecho trascendente, estamos forjando esa herramienta común entre el sindicalismo organizado y los movimientos sociales y populares de este país. Acá a la derecha están los sindicatos confederados, los hombres y mujeres que tienen convenio colectivo, que cobran el aguinaldo, que le pagan las horas extras, que tienen la seguridad social. Y acá a la izquierda están los millones de compatriotas que todos los días se levantan sin saber qué van a poner en la mesa al final del día. Es un universo heterogéneo de cooperativas, de cartoneros, de productores pequeños, de campesinos, de organizaciones barriales, de los que se la rebuscan como pueden para tener un lugar dentro de un sistema que les niega su existencia.

Es por ello que este es un hecho trascendente. Durante mucho tiempo se criticó a la CGT porque se ocupaba únicamente del trabajo registrado. Algo de razón había en esa crítica. Pero también quiero decir que esa actitud respondía a un tiempo donde la regla general era que había trabajo, y la excepción era la desocupación. A ese lugar queremos volver, ese blanqueo es el que queremos para este país… aparte del blanqueo de los capitales y de los vivos que fugaron la plata, lo que queremos es que se blanquee esta situación social, porque un país de esta característica es inviable.

Para nosotros el llamado a la unidad es el sendero hacia la justicia social, no solamente venimos a hacerle cargo al Poder Ejecutivo Nacional, también se lo hacemos a los legisladores, y se lo hacemos al mundo empresario que no está cooperando, que tiene insensibilidad, y que sigue pensando que encerrados en un country van a poder vivir toda la vida, mientras se desbarranca la sociedad argentina.

Nosotros, compañeras y compañeros, somos hombres y mujeres que hemos vivido una sociedad de trabajo, que hemos visto lamentablemente los índices espantosos de marginación. Pero nosotros tenemos un ideario que es un patrimonio de todo el pueblo argentino y que no quiere decir para nada ninguna actitud sectaria. Para nosotros hay una sola clase de hombres, los que trabajan, eso es lo que quiere el pueblo argentino.

Quiero decirles compañeros, que como dijo alguien acá, hay una consigna que enarboló Saúl Ubaldini hace un tiempo atrás, paz, pan y trabajo siguen siendo consignas que siguen vigentes a través del tiempo. Esta unidad debe pasar de la táctica a la estrategia, porque la única manera que vamos a trazar un sendero de estabilidad, de armonía y de equilibrio en esta sociedad, es construyendo esa unidad entre todos los trabajadores, entre el drama que está aquí a la izquierda, que habita en las barriadas populares, y los problemas que tenemos aquí a la derecha, con el deterioro de los salarios, con la avalancha de importaciones que atenta contra la producción nacional, contra la asfixia de las economías regionales, y contra esta falta de certeza, si alguna vez va a arrancar la economía en este bendito país. Solo unidos vamos a poder defender ese planteo. Es por eso que tiene tanta importancia esta movilización, y por eso esto no es una movilización más.

Toda persona necesita del trabajo, el trabajo es un derecho, pero no cualquier trabajo, para nosotros trabajo digno y salario justo quiere decir trabajo con sindicatos, con convenio, con seguridad social y con todos los derechos que están reclamando los compañeros que todavía no los tienen. La falta de trabajo, el desempleo, la marginación, la pobreza, es la medida de todo sistema económico que ha fracasado. Por eso no solamente venimos a pedir al Congreso la emergencia social, venimos a decirles que la terminen con los despidos y las suspensiones, venimos a decirles que el deterioro económico está golpeando la puerta de nuestros hogares, venimos a decirles, como dijo Alderete, que queremos ir a la mesa navideña con un pedazo de pan, y a esto tiene derecho  cualquier habitante de este bendito país.

Eso es lo que queremos. Por eso nada, nada permite asegurar que vamos a tener en el futuro inmediato una solución. Los indicadores económicos no dan ninguna tranquilidad, y en el mientras tanto los millones de precarizados, el millón de jóvenes que no estudian ni trabajan, nuestros jubilados que cobran un salario de miseria después de una vida de trabajo, y los hombres que son marginados, constituyen esa enorme cultura que Francisco ha denunciado sabiamente como la cultura del descarte.

No queremos el descarte, no queremos que arrojen a nadie a la vera del destino nacional en una Argentina donde está todo por hacerse, y por lo tanto interpelamos a la clase política para que abandone las justificaciones, para que salga detrás de los disfraces, para que deje de pensar en la excusa de la herencia recibida, y trabaje para edificar una Argentina nueva, la Argentina para todos los argentinos.

De nosotros, compañeros, de nosotros depende recuperar esa mística, de nosotros depende alcanzar esa dignidad, de nosotros depende tender una mano a las barriadas populares, porque nosotros, compañeras y compañeros, somos la punta de lanza de ese pueblo que sufre, que late, que tiene angustias, y esperanzas, porque esa es la Argentina que exigen estas manos de hombres y mujeres para que amasemos la equidad, el equilibrio y el pan del siglo XXI.

Este pueblo levanta hoy como ayer las banderas de la paz, del pan y del trabajo, y le agrega las que Francisco ha hecho como propias, que tomó de los movimientos sociales, tierra, techo y trabajo para todos, eso es lo que queremos para vivir en una Argentina feliz. Eso es lo que queremos para enfrentar a la globalización de la indiferencia. Eso es lo que quiere nuestro pueblo para ser más solidario. Eso es lo que quiere cuestionando la tiranía de las finanzas, y eso es lo que rechazamos contra el terrorismo del dinero, que no puede ser nunca la medida del ser humano.

La CGT es un actor clave en la demanda de la inclusión permanente, porque la inclusión permanente para nosotros es el trabajo. Por eso queremos ganar protagonismo con el resto de los compañeros, con los movimientos sociales; queremos ganar protagonismo para ampliar nuestra frontera industrial, queremos más fábricas y más talleres para que los compañeros que están acá a la izquierda tengan el empleo digno que se merecen.

Pero también queremos ser los custodios del interés nacional, porque somos los que sufrimos las macanas de todos los gobiernos, y porque queremos asumir la defensa de nuestros recursos naturales. Hace mucho tiempo que hemos abandonado ese cuidado, tenemos depredación en nuestro Mar Argentino, tenemos arrasamiento de nuestros bosques naturales, nadie cuida la erosión del suelo, hemos desaprovechado nuestros recursos no renovables, y este es apenas un detalle del abandono en que ha caído el ejercicio de la política en este país.

Al tener noción cabal de esa dimensión, nosotros enriquecemos el debate político de la Argentina, aunque no estemos sentados en las bancas adentro del Congreso Nacional. Hace un tiempo largo un gran presidente argentino decía que las tensiones de la sociedad se resolvían en democracia. Estoy convencido de eso, pero a esta altura, compañeros y compañeras, está claro que después de tres décadas de democracia no ha habido macana y cagada que no hayamos cometido para que nos encontremos en esta situación. Y yo por eso no quiero poner el acento en un determinado tiempo, esto que estoy diciendo ha sucedido en democracia, en personajes que en nombre del peronismo, en nombre de la República  en nombre de las instituciones, o en nombre de no sé qué proyecto transformador, lo que han hecho es saquear el patrimonio nacional, arrasar con las conquistas y multiplicar los pobres.

Quiero hacerme eco de lo que dice la voz de la Iglesia que no hace nada más que poner en relieve el drama del pueblo argentino, con un tercio de pobres, nadie, nadie vive en el país que quiere, ni los pobres, ni los ricos. Y si vastos sectores populares siguen estando excluidos, la Argentina va a seguir dando tumbos cada vez más serios y cada vez más graves.

La Patria no se levanta con injurias, ni con escándalos, ni con mentiras, se levanta trabajando al lado de los más humildes, porque están esperando que les tendamos la mano. El pueblo trabajador no fuga capitales, nosotros no andamos revoleando bolsos por arriba de los muros, para nosotros no hay un aeropuerto de salida, no tenemos planes de fuga porque no está en nuestro proyecto. Nuestro destino está aquí y ahora, aquí y ahora, en la tierra de nuestros sueños y de nuestras esperanzas, en la tierra que queremos construir al lado de nuestra familia, en este suelo sagrado, compañeras y compañeros, que nos legó San Martín, Rosas, Perón, Yrigoyen, los socialistas y los mártires de la clase trabajadora.

Para ir finalizando… hay una larga experiencia que nos ha enseñado que los lamentos afuera no sirven, nosotros no tenemos un balde en la cabeza, lo digo con toda honestidad, y sin ningún gesto de altanería, no tenemos un balde en la cabeza, el consejo directivo no lo tiene, lo que estamos haciendo es acumular el poder social que permita torcer el destino y la tristeza de millones de compatriotas, y lo vamos a hacer negociando, pero también lo vamos a hacer confrontando, si fuera preciso.

Lo que queremos es la democratización de la economía. Este es un desafío para las instituciones, un desafío para que se termine con la desigualdad, un abordaje integral para sacar de la prisión en la que están encerrados millones de nuestros compatriotas en los confines de nuestra Patria y en las barriadas populares.

El Papa Paulo VI decía que el camino de la paz pasa por el desarrollo, pero no hablaba únicamente del desarrollo económico, hablaba del desarrollo humano, de la gente de carne y hueso, que es la que tiene que ser beneficiaria de cualquier modelo de desarrollo. Por eso esa es una alternativa que nos interpela a todos, a los legisladores, a los empresarios que se hacen los locos, al gobierno, a los funcionarios y a todos los actores de la vida nacional para que le encontremos una salida a esta crisis.

Cuando paz, pan, trabajo, tierra y techo sean una realidad, entonces estaremos viviendo en una Argentina feliz, donde merezca vivida, donde podamos envejecer en tranquilidad, donde podamos criar a nuestros hijos, a esperar a nuestros nietos, y donde volvamos de nuevo a estar orgullosos de ser argentinos. Muchísimas gracias.