A 40 AÑOS DEL SECUESTRO Y DESAPARICIÓN DEL COMPAÑERO ALBERTO CAFFARATTI

A 40 AÑOS DEL SECUESTRO Y DESAPARICIÓN DEL COMPAÑERO ALBERTO CAFFARATTI

SU RECUERDO VIVE EN EL CORAZÓN DE NUESTRO GREMIO COMBATIVO

El pasado 15 de enero se cumplieron 40 años del secuestro y desaparición de nuestro compañero Alberto Caffaratti. El juicio que se lleva adelante contra los perpetradores de esos hechos, entre ellos Luciano Benjamín Menéndez, forma parte de la Megacausa de La Perla, juicio que  se reanudará el martes 26 de enero a la espera que en este año se dicte la sentencia que condenará a los autores intelectuales y materiales.

La mayoría de los lucifuercistas conocemos sobre la militancia de Alberto Caffaratti pero es necesario recordarla permanentemente para que también la conozcan nuestros jóvenes afiliados ya que todas nuestras conquistas se las debemos a quines nos precedieron.  Al igual que muchos dirigentes sindicales, su historia está construida de múltiples vivencias, aprendizajes, luchas, camaradería y persecuciones.

Electrum entrevistó a su hija, la compañera Mariana Caffaratti, intentando armar las piezas del rompecabezas de la vida de su padre. Mariana se desempeña actualmente en la Gerencia de Gestión de Personal y Mejora Continua.

Juan Alberto Caffaratti Kauffmann nació el 12 de junio de 1946 en la ciudad de Santa Fe. Siendo todavía muy chico emigró con sus padres a Córdoba, que en esa época ya había estatizado su servicio eléctrico y 2 años antes se había fundado nuestro querido Sindicato.

Alberto era hijo único; su papá Domingo trabajó en EPEC y allí se jubiló y su madre Marta, era ama de casa. “No tengo claro donde se instalaron mis abuelos los primeros tiempos en Córdoba, pero sí recuerdo que vivimos en el barrio Luz y Fuerza hasta que yo cumplí el año y medio de vida. Cuando se separan mis abuelos, a papá lo cría la tía Herminia Kauffmann que vivía en San Vicente”, rememora nuestra compañera. Pese a ser hijo único no creció solo porque compartió el colegio y muchas tardes de juegos con sus primos.

Mariana describe a su padre como un autodidacta, muy interesado en su formación intelectual: “desde temprana edad se veía su inclinación política e ideológica, sin tener influencias de mis abuelos. Fue una persona que se formó sola. Algunos vecinos del barrio Luz y Fuerza comentaron que cuando era adolescente, mientras todos los niños jugaban al fútbol, siempre estaba leyendo un libro, siempre se estaba instruyendo. Lo invitaban a jugar y decía que no, que prefería formase. Era muy exigente con sí mismo. Una vez me dijo algo que me ha quedado muy registrado en mi mente: ´para ser un buen compañero hay que estar preparado para poder solucionar los problemas de los compañeros”.

A los 19 años comienza a trabajar para EPEC como personal contratado y además cursa la carrera de Geología en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC (su legajo no ha podido localizarse). “Lo contratan por unos meses para realizar la poda y luego queda como empleado fijo. Tiempo después, se desempeña en Adjudicaciones, una de las áreas administrativas que se encontraba en Avenida General Paz 374”, señala nuestra compañera.

Alberto contrae matrimonio en diciembre de 1966 con Yone Teresa Grilli, a quien conoce durante la militancia en el Partido Comunista. Mariana nos cuenta que la historia familiar de su madre está marcada por los infortunios: “Mi abuelo y tíos maternos militaron en el partido, fueron perseguidos y a uno de mis tíos lo mataron a poco del golpe del 76. A una cuñada la encarcelaron embarazada y mi primo nació en el calabozo pero su padre logró que se lo entregaran por las condiciones de insalubridad”.

Un año y medio después de casados nace Mariana y en 1969, nuestro compañero Daniel Caffaratti que actualmente trabaja en el Area Mediciones.

Militancia sindical

En ese entonces empieza su militancia en nuestro sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba junto a sus compañeros. Con Agustín Tosco coincidían en muchos aspectos ideológicos y humanos y seguramente eso lo llevó a formar parte del Consejo Directivo que encabezó Tosco en los años 60 y 70. Caffaratti participó activamente del Cordobazo y le valió una orden de captura del Tribunal Militar que condenó al Gringo, a Titi Di Toffino, Grigaitis, Ortíz y otros dirigentes obreros.

En 1970, es seleccionado por su partido para integrar una delegación que viajó a Moscú para perfeccionarse en la filosofía marxista-leninista. El curso duraba 10 meses y se dictaba en una escuela del Komsomol, la organización juvenil del Partido Comunista de la ex Unión Soviética. “Mi padre militaba en la FEDE, que era la Federación Juvenil Comunista Argentina, y varios de sus camaradas se conocieron en ese viaje pero utilizaban nombres falsos, cosas de esos tiempos”.

Alberto comparte la delegación con José Schulman, a quien conoce en junio del 70 en un hotel de Once cuando se preparaban para partir a la entonces Unión Soviética. Años más tarde, recordaría en su libro Los Laberintos de la Memoria a nuestro compañero al que apodaba “el Alberto”: …con sus cuerpos perforados por las balas asesinas también nos dicen sus verdades queridos militantes.

José Schulman hoy es Secretario Nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, y en 2010 junto a la UOM denunciaron penalmente a los responsables del operativo Serpiente Roja del Paraná llevado adelante en 1975: la ex presidenta Isabelita, Martínez de Hoz, entonces miembro del directorio de ACINDAR (empresa productora de acero) y a un sector de la burocracia sindical, cuya fuerza de choque atacó con sus armas a los trabajadores metalúrgicos de Villa Constitución, Santa Fe, quienes habían logrado elecciones libres en la conducción de la UOM. Aquello se conoció como el Villazo.

Tras el asalto y la intervención a nuestro Sindicato en octubre de 1974, perpetrado por los represores Lacabanne y García Rey, se inicia la persecución a nuestro líder Agustín Tosco y el compañero Caffaratti adquiere un rol preponderante como enlace del Consejo Directivo con el Gringo en la clandestinidad. Pero su compromiso fue más allá; preparó el traslado de Tosco a una clínica en Buenos Aires cuando ya estaba muy enfermo y tuvo también la penosa misión de traer a Córdoba los restos del Gringo después de su fallecimiento.  Participó en la organización del multitudinario entierro de sus restos, que se desarrolló sin importar el peligro que representaba la presencia de fuerzas policiales y parapoliciales. Si bien vivimos otra realidad, Mariana considera que: “aquellos dirigentes, entre ellos mi padre, tenían fuertes convicciones y valores de honestidad y solidaridad. Creían firmemente en lo que hacían y esto quiero destacarlo. De hecho mi padre puso en riesgo su propia vida y la nuestra para ayudar a Tosco durante su clandestinidad. Me acuerdo que estábamos en una casa de campo y simulábamos ser una familia cualquiera. Mi mamá cumplía el papel de esposa del Gringo y yo y mi hermano Daniel, de hijos”. Es que mientras Tosco permanecía en la clandestinidad, para que pasara desapercibido se simulaba que integraba una familia con la esposa y los hijos de Caffaratti ya que la verdadera familia de Tosco estaba permanentemente vigilada por los esbirros criminales de Lacabanne en acecho de que se presentara Tosco a visitarlos.

A pesar de la ocupación de la sede del Partido Comunista por parte de la Triple A, de la intervención de nuestro Sindicato y de la muerte de Agustín Tosco, Alberto había decidido continuar con su labor partidaria y participar en la conducción del gremio en la resistencia. En palabras de José Schulman, se mantenía fiel a aquel mandato que aprendió del periodista checo Julius Fusik: “hay que hacer lo necesario, en beneficio de la humanidad, no importa las circunstancias”.

Mariana recuerda que después del fallecimiento de Tosco su padre recibió numerosas amenazas de muerte y debieron dejar la casa donde residían en ese momento. Los alojaron compañeros de trabajo e incluso vecinos que no adherían a ninguna ideología.

Secuestro y desaparición

Pasadas las 13.30 del 15 de enero de 1976, Alberto Caffaratti terminaba su jornada en la empresa. Trabajaba en el área Adjudicaciones ubicada en Avenida General Paz 374, donde hoy funciona el PAMI. Al llegar a la intersección con calle Santa Rosa es interceptado por hombres armados que se movilizaban en un Torino blanco y lo secuestran. “Mi padre forcejea con sus captores y se tira debajo del auto. Cuando logran sacarlo, lo golpean en la cabeza y lo suben inconsciente. Sabemos que estuvo en el Campo de La Ribera, que funcionó con ese nombre hasta el golpe del 76, pero desconocemos si allí lo asesinaron o fue en otro lugar.

A mi padre lo acusaban de espía soviético, una locura. Seguramente Menéndez y el servicio de inteligencia conocían que había estado en la Unión Soviética”.

Pese a no contar con precisiones sobre su muerte, hay testimonios de sobrevivientes del Campo de La Ribera (llamado así antes del golpe) que afirman que el compañero Caffaratti fue acribillado ante la presencia de Luciano Benjamín Menéndez, quien dio la orden de disparar.

Mariana nos cuenta que tras el secuestro, su madre viaja a Buenos Aires con un abogado del partido para informar de los habeas corpus al Ministerio del Interior, pero obviamente no tuvo respuesta.

En el año 2000, Mariana Caffaratti presentó una denuncia que fue incorporada a la causa Vergez y que forma parte de la Megacausa de La Perla, en la que están imputados Menéndez y otros represores por delitos de lesa humanidad cometidos en Córdoba en enero de 1976. En noviembre de 2010 la Megacausa fue elevada a juicio oral y público y el próximo 26 de enero se reanudarán las audiencias a la espera de una pronta sentencia.

Recuadro

Familiares renovaron el árbol de la vida

El viernes 15 de enero, en la explanada del Auditorio de Radio Nacional, se renovó el árbol de la vida que está colocado en el sitio donde fue secuestrado el compañero Alberto Caffaratti, por iniciativa del Archivo Provincial de la Memoria. El acto fue muy íntimo, puesto que sólo participó el grupo familiar.

Con motivo de la continuación del megajuicio, a partir del martes 26 de enero, nuestra compañera Mariana Caffaratti desea compartir una frase del libro Los Ojos de los Enterrados: “…Espero el día en el que podamos decir que ya pueden cerrar los ojos los enterrados que esperaban el día de la justicia”.

Rcuadro

Homenaje de la Asamblea General

La Asamblea General Extraordinaria reunida el miércoles 20 de enero, rindió un  merecido homenaje a nuestro compañero Alberto Caffaratti.  Nuestro Secretario General Gabriel Suárez, tras referirse a su secuestro y desaparición, solicitó un minuto de silencio que fue cumplido solemnemente por los afiliados quienes a continuación le rindieron homenaje con un cerrado aplauso porque fue un luchador